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2011/08/18

Más allá de la ciencia

Quienes descubrieron los microbios soportaron el mismo tipo de desdén y burlas que muchos hacen sobre temas no-oficialmente-aceptados, como las experiencias psíquicas, los fenómenos paranormales y los avistamientos de ovnis.

Me apena mucho que, incluso entre divulgadores y científicos respetados, se note a veces ese mirar por sobre el hombro a las posturas que ellos no consideran dentro de la corriente científica.

Por eso es bueno recordar que antes la microbiología tampoco era parte de la ciencia. Ni la teoría atómica. Y tuvieron que morir las generaciones de tercos guardianes del orden establecido para que los aportes de las nuevas mentes fueran considerados.

Asistí a un seminario del Dr. Harold Moskovitz, un experimentador de técnicas de manipulación del aura. Él expone una manera diferente de comprender el universo, y desde una postura tan confiada, que me inspira a considerar de otra manera lo que creo saber.

Quizás si no hubiera pasado por ciertas reflexiones desde hace algunos años mucho de lo que contaba me hubiera sido menos natural de oír, asimilar y comprender. Pero compartía varias de las cosas que él iba diciendo.

Sin embargo, pronto todo fue envuelto por un modelo que, aunque puede parecer extremo de primera impresión, tiene ese algo de simplicidad y elegancia que se suele notar en las cosas que son verdaderas.

¿Qué tal si somos Dios? ¿Qué tal todos somos uno y si cada uno es como ese uno? Cuando hace algunos años me topé con esa idea, esa noche, sentí como si el universo se hubiera vuelto diferente. Reflexionando sobre ello, el espacio se vuelve una forma de tiempo, donde cada cosa es uno, pero en otro tiempo. Reflexionando sobre ello, quizás seamos como los fractales, donde cada parte es semejante al total.

El Dr. Harold dice que somos Dios, cada uno, pero que hemos sido programados para auto limitarnos, para olvidarlo, para no respetar nuestro libre albedrío ni el de los demás. Es como si forjáramos contínuamente la cadena que nos mantiene como esclavos a todos.

Nuestra divinidad se haya encarnada en un cuerpo que nos sirve de vehículo y responde a nuestras emociones. Vinimos voluntariamente, en consenso con el universo. Las restricciones en nuestro libre albedrío pueden inspirarnos emociones que actúan como mensajes contraproducentes para nuestro cuerpo.

Por ejemplo, cuando una madre pasa reiteradamente sobre la voluntad de su hijo, la emoción resultante es la de ser negado, y el resultado es que el cuerpo entienda que no tiene valor, y siga el camino a deteriorarse y enfermarse.

Cada enfermedad sigue un patrón inicialmente determinado por el tipo de emoción. Cuatro tipos de emoción: tristeza, miedo, ira y culpa, actuando reiteradamente sobre siete zonas del cuerpo, denominadas chacras, determinan la causa real de las enfermedades.

Un microbio por sí mismo no causa la enfermedad, sino que acude por petición de un cuerpo dispuesto a dejarse corromper, porque ese mensaje ha recibido a través del aura que lo envuelve, debido a que se sintió cierta emoción, que empezó con una imagen. La manzana no se pudre porque sí, sino porque se le ha comunicado que ha caído del árbol y ella llama a las bacterias y la madre naturaleza para que la ayuden a continuar con su destino. Voluntariamente elegido, porque también una manzana es como dios.

Una epidemia se propaga por contagio emocional. Un cuerpo que no ha solicitado ser enfermado, simplemente seguiría sano.

Eso me hizo recordar lo extraño que parece la resistencia de algunos que cuidan a otros. Doctores, enfermeras, monjes, monjas, misioneros y padres, que portan los microbios pero no manifiestan los síntomas, porque no pueden darse el lujo de enfermarse. Suele pasar que dejan de sentir que son útiles y, de pronto, se derrumban y enferman como los demás. Sabemos como lo explica la ciencia, pero me resulta muy interesante esta otra forma de entender la misma cuestión.

Los accidentes no existen. Cada acto fortuito ha sido, de alguna manera, convocado por los participantes. Quizás de modo subconsciente, por su parte divina. Quizás para que suceda algo que alguien necesita para aprender. Quizás para que se vaya alguien que ya aprendió lo que necesitaba.

No hay bueno ni malo, simplemente hechos. Que somos capaces de procesar en un nivel mental, afectando su proyección en el nivel emocional y en el físico. Al principio puede resultar un poco extraño creer que imaginar estar curando contribuya realmente a curar, pero poco a poco uno puede rendirse a la evidencia.

El Dr. Harold tiene además ciertas habilidades que le permiten hablar con confianza de cosas que quizás la mayoría no ve. Como el aura, las imágenes mentales, el lenguaje psíquico. Habilidades que todos tenemos, y podemos recordar, eventualmente.

Me resultaba un poco difícil comprender cómo podía ver imágenes en el aura de la gente. Pero, si lo pensamos un poco, un analfabeto podría preguntarse algo similar al verlo leer un libro. Cómo es posible que vea imágenes en esas manchas de tinta salpicadas sobre una hoja en blanco. Quizás algo similar ocurre cuando se ve más allá de lo evidente.

Recordaba el Dr. Harol cuando Newton proponía un universo similar a un reloj, y el tiempo mostró que era algo más y el modelo se tuvo que ampliar. O cuando Pasteur proponía que los microbios eran todos malos y el ideal del cuerpo humano es estirilizarlo de ellos, y el tiempo muestra ahora que contenemos un ecosistema interno y cada microbio tiene su razón de existir. La forma de pensar, a la Newton, a la Pasteur, ha sido la que ha dominado la industria y la sociedad durante los últimos siglos y ha mostrado que no puede más. Ni nosotros con ellos. No es sostenible. Ya no es razonable. Porque está incompleto.

Alguien habituado al pensamiento científico, quizás se mueva con cierta dificultad por el inicio de este camino, aún cuando tenga la voluntad de hacerlo. Poco a poco hay que ir relajándose, desapegándose y liberando la intuición. Poco a poco, despertando.

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