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2011/08/10

La prueba verdadera

En estos días he estado revisando algunas preguntas que se suelen hacer cuando buscan seleccionar un programador.

Hay preguntas de cultura general y también ejercicios prácticos de dificultad creciente.

Por alguna razón, viene a mi mente una historia que cuenta de un grupo de gente que se va abriendo paso a través de la vegetación, con mucha habilidad en su manejo de hachas, machetes y demás herramientas. Hasta que uno de ellos, se separa un poco del grupo para escalar una de las palmeras y, desde esa posición, se da cuenta de la situación y grita 'selva equivocada'.

Y eso ocurre más a menudo de lo que pensamos. Mucha gente suele dar por sentado que 'el esfuerzo es el camino al éxito'. Díganselo a la gente que se esforzaba abriéndose camino en esa selva equivocada. También es importante la ruta correcta.

Hay gente muy inteligente y talentosa que elabora metodologías sofisticadas para evaluar postulantes y elegir a los mejores. Hay gente muy inteligente y talentosa que piensa que el ahínco de esos especialistas les garantizará contar con el mejor personal posible. Quizás se pueda gritar 'selva equivocada'.

Es un mito pensar que elegir lo mejor de lo mejor asegurará conseguir lo que se desea. Cuando se trata de trabajo en equipo, uno más uno no siempre da dos. Con sinergía puede dar mucho más. Pero no es raro que se obtenga mucho menos.

Si recuerda un poco de su clase de vectores, aquellas flechas con magnitud y dirección, entenderá que tener los vectores más grandes no asegura los mayores resultados. Tienen que estar alineados de la mejor manera posible. Es similar con la gente y otros recursos.

Hay organizaciones que integralmente pueden estar mal, aún cuando cada departamento componente puede arrojar buenos números aisladamente.

Hay personas enfermas, aún cuando cada análisis localizado arroje un resultado negativo.

Es mejor ver el cuadro completo. Subir a la palmera y tratar de distinguir cuál es la selva correcta.

Puede ser interesante hacer un seguimiento a los postulantes que obtienen los primeros puestos en los concursos de admisión a las universidades. Ciertamente, algunos de ellos logran carreras muy notables y vidas exitosas. Pero también es cierto que la mayor parte no. Y que hay muchas personas con carreras igualmente notables y exitosas que no tuvieron tan buenas calificaciones en esos exámenes.

Podríamos preguntarnos qué miden esos exámenes. Y estaría bien. Un programador llega a comprender que son las pruebas que uno diseña para el programa las que determinan lo que el programa es. Pruebas incompletas, programa incompleto. Buenas pruebas, buen programa. Los hechos son evidencia de que las pruebas de admisión no están filtrando lo que dicen a todo el mundo que filtran.

Imagine que usara pruebas olímpicas para conseguir los mejores profesores de educación física. Más rápido, más fuerte, más alto. Después de exigentes, y probablemente emocionantes, competencias, tendría a lo mejor de lo mejor pero, ¿alguna prueba midió pedagogía?.

Excelentes herramientas, excelente esfuerzo, excelentes personas. Pero, selva equivocada.

Una ilusión similar pasa con las competiciones para ingresar a la universidad o a trabajar en alguna empresa prestigiosa. Son interesantes los rompecabezas, la velocidad, etc pero... ¿están seguros que tener esas cosas son necesarias para el buen inicio que están buscando?

Hay cosas como la constancia, la perseverancia, la paciencia, la prudencia, la reflexión, la empatía, el valor, la tolerancia, que pueden ser más influyentes en el éxito personal pero que no se ven representadas en las pruebas. Son cosas que no se pueden evaluar bien al iniciar el viaje, sino en el viaje mismo.

Más útil podría ser un modo en que cualquiera pudiera iniciar cualquier viaje por cualquier ruta que quisiera, y pudiera cambiar de una ruta a otra según las circunstancias le fueran aclarando sus mejores aptitudes. Una forma en que las pruebas verdaderas, las que da el mismo camino, vayan determinando quienes lo recorren. Y donde haya caminos para todos.

En el modelo tradicional de selección, la gente que no pasa el examen es dejada de lado. Eso no está bien, porque es un mito que haya gente menos capaz que otra. Se trata, simplemente, de vectores que tienen una componente menor en cierta dirección, pero que podrían tener una mayor en otra. Y es esa otra dirección la que hay que ayudar a buscar.

Recuerdo un corto de Disney, en el que se narraba la historia de un oficinista amargado que ocupa por accidente el puesto de un bombero, y feliz de hacerlo. A su vez, el bombero amargado que por accidente ocupa el puesto de otra persona, y feliz de hacerlo. Y así sucesivamente, hasta que uno de ellos cierra el círculo ocupando accidentalmente el puesto del oficinista, y feliz de hacerlo. La moraleja era que hay un lugar feliz para cada persona en el mundo, si tan solo nos atreviéramos a cambiar de puesto.

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