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2011/10/29

El hombre del sol

Un hombre llega a un pueblo y se sienta en una calle.

La gente pasa sin hacerle mucho caso.
A veces algunas monedas.
A veces un pan.

Un día, al salir el sol, se pone de pie y lo señala.
Permanece así un rato, para que todos lo vean.

Vuelve a hacerlo al día siguiente, y cada día a partir de entonces.
Cuando aparece el sol, lo señala con gesto dramático.

Un día, alguien aplaude. Y los demás le siguen.
Parece que siempre llega a haber público
para ver al hombre que anuncia al sol.

Aunque lo que hace no tiene nada que ver
con que el sol salga o no salga.
Sin embargo, cada día aplausos,
monedas, y panes frente a él.

En el invierno nadie lo encuentra.
Quizás porque no es necesario señalar un sol que nadie ve.
En primavera regresa.
Y la gente se alegra como si trajera al sol.

Un día, quizás se nombre sacerdote,
intermediario entre el hombre y la voluntad del sol.
Los intermediarios siempre ganan.
Y hacen obligatorios las monedas y los panes.

Seguramente, también lo has visto.
Quizás el truco es tan viejo como el mundo.
Quizás el mundo proviene de ese truco.
Quizás es bueno recordar que es un truco.

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