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2010/09/18

Verdadera educación

CADA COSA que hacemos es por una razón. Esa razón es la que nos sirve de guía cuando probamos alternativas para mejorar. Siempre deben respetar la razón original. De otro modo, lo que hicieramos podría ser la respuesta correcta, pero para otra pregunta.

A veces, cuando copiamos algo, olvidamos tomar nota de la razón por la que se hizo así. Y nuestras copias se convierten en barcos sin brújula. No importa que tan rápido vayamos, simplemente no sabemos hacia dónde vamos.

Y eso es lo que parece pasar con la educación. Educamos como nos educaron, porque sí. Aunque en el fondo podamos saber que no fue lo mejor, es más fácil hacer lo mismo que intentar algo diferente. Porque no sabemos por qué hacemos las cosas.

La tradición no es una razón. Es sólo un modo venerable de justificar algo simplemente "porque así se hizo siempre".

Los premios no son una razón. Son sólo artificios que tratan de imitar a la verdadera razón. No son una estrella guía, sino sólo bengalas arrojadas por alguien, quizás alguna vez en la dirección correcta, pero no siempre.
Cuántas propuestas premiadas no son aplicables realmente. Pero la corona del premio es como la corona del rey desnudo que vestía un traje cuya inexistencia nadie se atrevia a delatar.

Muchos hemos sido premiados por pasar la pruebas que nos pusieron. Los abusos y las sinrazones parecen quedar atrás el día que bajamos la cabeza para recibir la medalla. Pasamos la primaria, la secundaria, y lo que sea que cursemos después, de esa misma manera. Si triunfamos en la vida, eso confirma la validez del sistema. Si fallamos, es nuestra culpa.

Gracias a Dios, muchos de los que "triunfan" y de los que "fallan" son capaces de eludir la trampa de ese razonamiento. Se dan cuenta de que hay personas premiadas que no triunfan, y triunfadores que no son de los premiados. Es más, se dan cuenta de que no hay tal triunfar o fallar, que tales cosas son simplemente una ilusión, una bengala enorme enturbiando el cielo y dificultando distinguir las estrellas que hay detrás.

La verdadera razón por la que se nos educa en masa y jerarquías, es por las necesidades de la industria. Las industrias apoyan a los gobiernos. Los gobiernos dictan cómo se nos educará.

Se nos presiona para pasar el filtro educativo. Los que pasan el filtro educativo están preparados más para la vida industrial que para la agrícola. Así, la mayoría tenderá a dejar atrás el campo y se irá a la ciudad.

Las pruebas siempre determinan el resultado. Todas las pruebas que se nos ha forzado a pasar en nuestra educación formal determinan lo que hemos aprendido. Lo que aprendemos es lo que usamos en nuestra vida. Tiene que ser nuestro derecho elegir el camino por el que queremos ir, elegir las pruebas que queremos pasar, ser quienes queremos ser.

Si se ve en perspectiva, la educación se ha manejado de modo similar a la economía de un sistema socialista. Allí, un comité central determina qué se producirá y cómo se producirá. En el papel parece que funciona, y se hicieron revoluciones inspiradas en eso. Pero en la práctica, la centralización, la jerarquización, y la supresión de libertades producen un sistema económico altamente ineficiente. Es la desentralización, la democratización y el respeto a la libertad individual lo que se necesita para producir la innovación que un sistema requiere para  adaptarse, sobrevivir y prosperar.

Es la lección que están empezando a aplicar las empresas para lograr el ambiente que sus colaboradores creativos requieren. Para poder ser sostenibles, las empresas se están preguntando si hay una verdadera razón en cosas que antes se daban por sentado, como los premios, las jerarquías, y los mismos horarios de trabajo.

De modo parecido, la educación debe cambiar, para respetar el potencial natural de cada individuo y comunidad, y ayudar a cultivarlo. Lo que cada uno puede ser no lo puede saber nadie más que nosotros mismos. Debemos aprender a descubrir nuestros potenciales, a seguir nuestro llamado, a hallar nuestro propósito. Es la pasión por lo que uno hace la que nos da la energía para dar esos saltos increíbles que requiere la innovación.

Y la pasión por lo que uno hace, como el amor, no se puede imitar, tiene que ser de verdad.

La verdadera educación es la que debemos aprender a darnos, cada uno, a nosotros mismos, toda la vida.

Y, cuando cada uno busca y ayuda, todos encontramos ayuda en nuestra búsqueda.

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