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2009/06/22

Corazón, cerebro, mente

Antes la gente pensaba que la esencia de una persona estaba en su corazón.
Porque cuando el corazón dejaba de latir, la persona moría.
Y cuando había miedo o valor, o cuando se amaba, el corazón se agitaba, y una sensación aparecía en el pecho.

Conforme se fue conociendo más al cerebro, esta creencia fue corregida.

Para cuando se hizo el primer transplante de corazón, posiblemente no muchas personas esperaban que el receptor del corazón recibiera también su alma.

En cambio, probablemente todos esperarían eso de un transplante de cerebro.

Con el cerebro recordamos, actuamos, pensamos y hasta sentimos.
Aunque no lata el corazón, una persona puede ser salvada mientras no muera su cerebro.
Pero si el cerebro se daña y no reacciona, nada más importa, sólo queda un cuerpo yaciendo.

Hoy la gente cree que la esencia de una persona está en su cerebro.

La gente de antes de los estudios sobre el cerebro se habría sorprendido de que un cambio de corazón no cambiara su alma, pero tendrían que aceptar la evidencia y cambiar su modo de entender lo que somos.

Del mismo modo, si después de un transplante de cerebro vieramos que el receptor conserva su mente a pesar de tener el cerebro del donador, aunque nos sorprenderíamos, tendríamos que aceptar la evidencia y empezar a cambiar el modo de entender lo que somos.

Tal vez nuestro cerebro sea como una antena y recordar es sintonizar para ver nuestros recuerdos alojados en un lugar distinto de nuestro cerebro.

Si no supieramos que la televisión traduce las señales presentes en el ambiente para mostrarnos imágenes y sonidos, quizás podríamos pensar que hay algún tipo de memoria al interior de cada aparato. Tal vez hasta pensaríamos que está en la misma antena, ya que lo que lo que se muestra se puede alterar al ponerla en otra posición o cambiarle de forma. Podríamos medir los campos electricos en la antena y hallar una relación con las imágenes que vemos. Podríamos llevar esa conjetura a la máxima sofisticación.

Y sería inocente esperar que cambiando una antena por otra cambiaría el programa sintonizado.

Tal vez nuestro cerebro no posee nuestros recuerdos, ni pensamientos, sino la manera de llegar a ellos. Y nuestra mente, la esencia de lo que somos, sea algo más.

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