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2010/02/06

Los propios sueños

Ahora no tengo hijos. Habrá un futuro con ellos. Pero contemplo los hijos de los demás. La forma en que son criados. Me contemplo a mí mismo. La forma en que pienso.

Creo que alguna vez mi padre pensó, o sintió, algo que sus padres no entendían. También mi madre. Y yo. Espero poder recordar eso. Que cada hijo tiene el derecho de tener su propia existencia, sus propias ideas y sus propios sentimientos.

Creo que todos tenemos sueños. Algunas personas se casan, tienen hijos, y piensan que renuncian a sus sueños, pero en realidad no lo hacen, sino que se los pasan a ellos. Los sueños de los padres buscan sobrevivir. Así que, conscientemente o inconscientemente, proyectan sus sueños en el futuro de sus hijos; buscando que tengan la oportunidad de elegir el camino que ellos soñaron alguna vez recorrer.

Pero los sueños de los hijos también buscan sobrevivir. Y, conscientemente o inconscientemente, se resisten a simplemente aceptar lo que sus padres les designan. Porque hay designios que se tejen sin preguntar qué piensas o qué sientes.

Algunos, con el tiempo, resisten menos, aceptan, olvidan algunos sueños propios. Algunos hijos terminan viviendo algunos de los sueños de sus padres, sin disfrutarlos. Algunos padres olvidan otra vez sus sueños.

Pero otros persisten en un futuro propio. Hijos que lo hacen aún a costa de alejarse de las raíces del árbol cuya sombra podría cobijarlo. Padres que renuncian a intentar vivir a través de los hijos. Gente que honra sus sueños.

Hay semillas que vuelan lejos, a lugares que ni imaginamos. Hay sueños que no podemos comprender, sólo respetar.

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