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2009/12/08

Otra verdad incómoda

El conocimiento evoluciona.

Una mente puede crear algo. Y otras personas usarlo de un modo particular. Tal vez de la forma en que se pensó originalmente. Pero si se puede usar de otro modo, probablemente alguien lo hará. Esa probabilidad es mayor conforme es mayor el número de quienes lo usan.

¿Puede alguien decir que cierta forma de usar algo es mejor que otra? Quizás uno podría decir que una es más hermosa que la otra y por eso se debe preferir. O más elegante, o más simple, o más eficiente. Pero probablemente alguno dirá lo mismo de la otra. A más personas, más probabilidad de que eso suceda.

¿Y quién decidirá al final? El ambiente. Quien decide qué forma es la más hermosa, elegante, simple o eficiente, es el ambiente donde esa forma sobrevive.

Así, después de haber experimentado variantes y alternativas, luego de un tiempo, lo que habrá será la versión del conocimiento que mejor sobreviva en el ambiente donde se usa. Quizás se parecerá al original que alguien una vez creo. Pero probablemente será diferente. Más eficiente, simple, elegante y hermosa.

Cuantas más mentes y usuarios trabajen en un conocimiento, más rápidamente se generarán alternativas, más rápidamente se probarán, más rápido evolucionará.

Puede un autor crear algo, pero es el uso intensivo lo que permitirá mejorarlo.

A veces alguien querrá poner limitaciones artificiales a la evolución del conocimiento, como obligar a los usuarios a pagar algo por contribuir. Diciendo que es para el autor. Diciendo que es para la sociedad. Pero un intermediario simplemente está allí para ganar algo para sí mismo.

La conclusión es simple. Cuanto más se distribuya el conocimiento, hay más probabilidades de que mejore.

Este hecho se está viendo más claramente con las herramientas de libre distribución que Internet ha hecho posible. Antes, un autor debía recurrir necesariamente a una editorial para poder difundir sus obras. Ahora tiene más opciones. Hay blogs como este, libros digitales, y otros modos en que una idea puede difundirse. Distribuir gratuitamente una versión económica de un libro ayuda a que más gente lo conozca y se decida a comprar una versión más fina si vale la pena. La copia de música ayuda a que más gente la escuche y la elija por sí misma, sin depender tanto de lo que alguien la programe en la radio o la televisión, o que la recomiende en la prensa.

La comunidad de software libre, gracias a ingeniosas licencias que permiten eludir la trampa de las licencias, ha permitido que muchos programas se distribuyan masivamente y evolucionen muchísimo más rápido de lo que cualquier empresa de software pudiera lograr, o pagar. La mayor parte del software que usa Internet es libre, y creo que no sería lo que es si no fuera por eso.
Las supuestas pérdidas por copias ilegales no toman en cuenta que el volumen de obras distribuidas de ese modo no se alcanzaría si fuese pagado. Así que en realidad un intermediario pierde mucho menos de lo que dice. Un autor mucho menos de los que dice el intermediario que habla por él. Pero es mucho más lo que ganamos todos.

Entonces, si soy un autor, ¿debo distribuir libremente mis obras?

Imagine que es parte de una tribu errante y caminando por el bosque descubre un manantial. ¿Ocultaría la fuente para siempre?, ¿haría un cerco alrededor de la fuente para poder controlar el acceso de los demás?, ¿cómo resolvería ese problema?, ¿cambiaría algo si la tribu no fuera errante?.

Si tuviera hijos, ¿los retendría para siempre a su lado, o, llegado el momento, dejaría que salieran para que hicieran su propia vida?, ¿y cuándo sería ese momento?

¿Somos dueños de lo que hacemos?, ¿lo somos para siempre?, ¿si algo es bueno para los demás, se debe preferir el bien común sobre el bien particular?, ¿es un poema o una canción lo mismo que un programa, una fórmula, o un teorema?

Hágase esas preguntas. Cada uno puede tener su propia respuesta. Cuanto más participemos, más rápido se corregirá aquello aquello que haya que corregir.

La verdad no necesita ser protegida, sino buscada.

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