Mientras algunos negocios y leyes parecen prosperar y ser apoyados por casi todos, hay también negocios y leyes que encuentran resistencia por parte del público.
Estos últimos no consideran que estén haciendo algo diferente que los primeros, y por eso se quejan de ser víctimas frecuentes de las trampas de sus usuarios, o de que no los respetan.
Suelen culpar a la gente, o parte de ella. Según lo ven, siempre hay gente mala que busca hacer trampa, que nunca tiene respeto por las instituciones formales o por las leyes. Se empeñan en combatirlas y, en esa lucha siempre infructuosa, crean en el mundo un ambiente poco saludable.
Sin embargo, en realidad sí hay una diferencia entre los primeros, respetados y apoyados por la gente, y los últimos, a los que no. Los primeros resuelven algo o hacen más fácil algo. Los segundos complican algo o lo vuelven más difícil. Y la gente, naturalmente, apoyará aquello que le favorece.
Si la gente nota que un negocio no les favorece, buscará alternativas. Si hay libre competencia, alguien dará con alguna alternativa mejor. Pero si la gente no tiene otra opción, usará los medios a su alcance para volver la situación mas favorable. Incluso hacer trampa.
Viéndolo fríamente, hacer trampa es simplemente salirse de las reglas establecidas. No es, en sí mismo, algo que pueda decirse bueno o malo, sino que depende de si las reglas establecidas son buenas o no. Si hay que forzar a la gente para que cumpla las reglas, eso es un indicio de que algo no está bien diseñado, que no son las mejores opciones las que están representadas en las reglas.
La gente tiende de modo natural a burlar las reglas que les resulten imposibles de cumplir, o que resulten en una alternativa que no sea la más favorable.
Por eso, es altamente recomendable promover mecanismos para que negocios y leyes puedan evolucionar libremente hacia alternativas que sean las más favorables para la gente.
Hay culturas que instruyen a sus miembros en la obediencia ciega a las reglas, considerándola una especie de virtud. Aunque pueda parecer algo muy conveniente durante un tiempo, a largo plazo puede presentar problemas, cuando la estructura que forman las reglas no puede seguirle el paso a los requerimientos de la gente en su búsqueda de felicidad. Eso divide a la gente entre aquellos que persisten en seguir las reglas establecidas y aquellos que necesitan de otras mejores.
Formular reglas desde arriba, de manera centralizada, no funciona tan bien como formular reglas de manera descentralizada, delegando a la gente elaborar las reglas que realmente les sean favorables, en las circunstancias que ellos conocen mejor. Por eso una democracia descentralizada suele ser más efectiva que las monarquías, las dictaduras, o las democracias centralizadas.
Hace mucho tiempo, el conocimiento era guardado en manuscritos y era caro y difícil de conseguir. Libros sagrados custodiados en castillos y monasterios.
Cuando apareció la imprenta, tuvo el apoyo de la gente porque le facilitaba el acceso al conocimiento.
La iglesia y los gobiernos trataban de controlar esto creando normas que actuaban como frenos y creaban situaciones desfavorables para la gente. El resultado fue la proliferación de imprentas y movimientos clandestinos para difundir el material impreso.
El malestar que la gente sufría en esa búsqueda de algo más favorable favoreció a una actitud más crítica hacia el rol de la iglesia y el gobierno en sus vidas. De modo similar a cuando los hijos cuestionan a los padres cuyas ordenes son sentidas como injustas o no factibles.
Con el tiempo, la actividad editorial se amplió y la gente apoyaba ese esquema porque era una alternativa favorable para acceder a información y conocimiento.
Cuando el avance tecnológico dio a la gente alternativas para hacer lo mismo, o algo similar, a menor costo, las editoriales usaron el sistema legal para obligarla o continuar eligiéndola sobre alternativas más favorables.
De ese modo, la industria editorial, y otras similares, como la discográfica, se convierten en algo que ya no resulta favorable para la gente.
Por eso proliferan las alternativas que se salen de las reglas que éstas buscan imponer. La gente requiere de nuevas reglas, que la favorezcan por encima de los intereses industriales.
El respeto a las leyes es algo deseable. Mucha gente se apresura en afirmar que las copias ilegales son algo malo, sin ver la responsabilidad de la industria y el gobierno, al mantener reglas que van contra la tendencia natural de la gente de buscar alternativas favorables.
Esas reglas desfavorables, sin embargo, como la represión que se aplicó antes a la imprenta, contribuyen a que la gente desarrolle un espíritu más crítico sobre el rol de estas instituciones en sus vidas.
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2011/05/03
Aprender a fallar, para aprender
Algo pasa en los ambientes inciertos.
Se puede observar que las personas tienden a ocultar sus debilidades.
Si alguien no sabe algo, o se equivoca, tiende a ocultarlo. Quizás enfatizando alguna cosa que sí sabe, o que haya hecho bien, para que miren a otro lado. Quizás enfatizando la forma en lugar del contenido vacío. Quizás inventando algo o culpando a alguien más.
Cuando no está claro el castigo, la gente se imagina lo peor y tiende a actuar de ese modo. Evitará los riesgos e irá sobre seguro. Si le parece más seguro ocultar, disfrazar o mentir, lo hará.
Los niños imaginan y sueñan con más facilidad que los adultos. Aún no han sido golpeados tantas veces que teman arriesgarse a fallar. Pero, con el tiempo, el temor a evitar ser golpeado se vuelve un hábito. Luego bastará con percibir la amenaza para que actuemos con el comportamiento adecuado. Bastará con ver la vara para que nos inclinemos.
Sin embargo, resulta que es fallar es necesario para aprender.
En un ambiente incierto se nos obliga a avanzar cargando una armadura.
En un ambiento seguro, en cambio, la gente sabe que puede equivocarse, que aunque falle estará a salvo.
Entonces, muestra con sinceridad cuando no sabe algo.
En un ambiente seguro la gente va más ligera, levanta el rostro, se atreve a volar.
Es como la diferencia entre jugar sobre el asfalto o jugar sobre la arena. Por eso es más fácil aprender a montar bicicleta en la playa, o a dar volatines. No hay raspones ni golpes demasiado fuertes que te impidan intentarlo una y otra vez.
Se puede observar que las personas tienden a ocultar sus debilidades.
Si alguien no sabe algo, o se equivoca, tiende a ocultarlo. Quizás enfatizando alguna cosa que sí sabe, o que haya hecho bien, para que miren a otro lado. Quizás enfatizando la forma en lugar del contenido vacío. Quizás inventando algo o culpando a alguien más.
Cuando no está claro el castigo, la gente se imagina lo peor y tiende a actuar de ese modo. Evitará los riesgos e irá sobre seguro. Si le parece más seguro ocultar, disfrazar o mentir, lo hará.
Los niños imaginan y sueñan con más facilidad que los adultos. Aún no han sido golpeados tantas veces que teman arriesgarse a fallar. Pero, con el tiempo, el temor a evitar ser golpeado se vuelve un hábito. Luego bastará con percibir la amenaza para que actuemos con el comportamiento adecuado. Bastará con ver la vara para que nos inclinemos.
Sin embargo, resulta que es fallar es necesario para aprender.
En un ambiente incierto se nos obliga a avanzar cargando una armadura.
En un ambiento seguro, en cambio, la gente sabe que puede equivocarse, que aunque falle estará a salvo.
Entonces, muestra con sinceridad cuando no sabe algo.
En un ambiente seguro la gente va más ligera, levanta el rostro, se atreve a volar.
Es como la diferencia entre jugar sobre el asfalto o jugar sobre la arena. Por eso es más fácil aprender a montar bicicleta en la playa, o a dar volatines. No hay raspones ni golpes demasiado fuertes que te impidan intentarlo una y otra vez.
Felicidad y ser felíz
Parece que hay algunas cosas que hemos aprendido a aceptar sin cuestionarlas demasiado, y sin embargo podrían ser claves en nuestra forma de ver el mundo y de vivir en él.
Estoy leyendo un libro sobre la felicidad y cómo podemos aprender a ser felices. Para este aprendizaje, se ha ideado formas de medir el progreso. Cómo medir la felicidad.
Una parte de mi lo ve naturalmente lógico. La ciencia mide las cosas para comparar alternativas.
Pero otra parte de mí se sintió confundida ante el concepto. Como si medir y ser feliz fueran algo que no pudieran combinarse de ese modo en una oración.
Voy comprendiendo que no todas las personas tienen el mismo concepto de la felicidad.
Para algunas, es la sensación que tienen cuando logran algo y reciben un premio. Ese reconocimiento, esa aprobación, ese sentimiento de ser queridos. Así que su vida es una serie de carreras cuyas metas van alcanzando. Cada vez que llegan a una, son felices.
Para otras, es la sensación de plenitud que tienen cuando contemplan algo maravilloso. Y, oh maravilla, resulta que con el tiempo vas descubriendo que todo tiene algo de maravilloso. Bits de felicidad aquí y allá, frente a nuestros ojos. En el cielo del atardecer, en la brisa que llega cuando caminas, en la piedra que yace entre la hierba, tras una ventana, y cuya existencia se cruza con la tuya cuando la contemplas. No hay carreras, no hay metas, sino el dulce placer de cada paso.
¿Qué tanto de la felicidad está en lo que observamos?, ¿qué tanto en la forma como lo observamos, al aceptar, con plenitud, lo que es, como es?.
Estoy leyendo un libro sobre la felicidad y cómo podemos aprender a ser felices. Para este aprendizaje, se ha ideado formas de medir el progreso. Cómo medir la felicidad.
Una parte de mi lo ve naturalmente lógico. La ciencia mide las cosas para comparar alternativas.
Pero otra parte de mí se sintió confundida ante el concepto. Como si medir y ser feliz fueran algo que no pudieran combinarse de ese modo en una oración.
Voy comprendiendo que no todas las personas tienen el mismo concepto de la felicidad.
Para algunas, es la sensación que tienen cuando logran algo y reciben un premio. Ese reconocimiento, esa aprobación, ese sentimiento de ser queridos. Así que su vida es una serie de carreras cuyas metas van alcanzando. Cada vez que llegan a una, son felices.
Para otras, es la sensación de plenitud que tienen cuando contemplan algo maravilloso. Y, oh maravilla, resulta que con el tiempo vas descubriendo que todo tiene algo de maravilloso. Bits de felicidad aquí y allá, frente a nuestros ojos. En el cielo del atardecer, en la brisa que llega cuando caminas, en la piedra que yace entre la hierba, tras una ventana, y cuya existencia se cruza con la tuya cuando la contemplas. No hay carreras, no hay metas, sino el dulce placer de cada paso.
¿Qué tanto de la felicidad está en lo que observamos?, ¿qué tanto en la forma como lo observamos, al aceptar, con plenitud, lo que es, como es?.
Ciencia y cambio
Leyendo el libro "El otro 90%", de Robert K. Cooper, me entero que las investigaciones recientes en neurología reconocen que la mente esta repartida en tres cerebros, sólo uno de los cuales es el clásico cerebro pensante cuyo concepto se nos ha inculcado por generaciones.
Los otros dos está localizados en los intestinos y el corazón. Sí, también en nuestras entrañas hay células nerviosas que realizan procesos mentales.
La sensación de mariposas en el estómago, el fuego que quema en el corazón. Como lo cantan los poetas. Como lo decían los antiguos. Después de todo, tienen algo de verdad.
Hace pocos días, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), anunciaba que habían descubierto que el agua era capaz de formar estructuras moleculares de una complejidad muchísimo mayor que lo que se suponía, y eso posiblemente era lo que la hacia buena como soporte vital. Quizás dentro de poco confirmen lo que algunos científicos venían sosteniendo; que a veces el agua parece reflejar a nivel molecular las estructuras con las que entra en contacto. En ese principio se basan las disoluciones homeopáticas.
Me llama la atención que, a veces, incluso quienes uno consideraría personas de mente abierta, como Asimov o Sagan, en alguna ocasión hayan hablado con desdén de las cosas que en ese momento la ciencia no confirmaba.
También me he topado con comentarios de ese tono en Internet. Gente que comenta con desdén la postura que considera débil. Dice algo de nosotros la manera en que tratamos a quienes consideramos más pequeños. Quizás lo mejor sería tratar con respeto cada opción, por más absurda que nos pudiera parecer. Y, cuando parece que se tiene la razón, aceptar eso también con humildad. En lugar de poseer o defender la verdad, buscarla.
Los otros dos está localizados en los intestinos y el corazón. Sí, también en nuestras entrañas hay células nerviosas que realizan procesos mentales.
La sensación de mariposas en el estómago, el fuego que quema en el corazón. Como lo cantan los poetas. Como lo decían los antiguos. Después de todo, tienen algo de verdad.
Hace pocos días, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), anunciaba que habían descubierto que el agua era capaz de formar estructuras moleculares de una complejidad muchísimo mayor que lo que se suponía, y eso posiblemente era lo que la hacia buena como soporte vital. Quizás dentro de poco confirmen lo que algunos científicos venían sosteniendo; que a veces el agua parece reflejar a nivel molecular las estructuras con las que entra en contacto. En ese principio se basan las disoluciones homeopáticas.
Me llama la atención que, a veces, incluso quienes uno consideraría personas de mente abierta, como Asimov o Sagan, en alguna ocasión hayan hablado con desdén de las cosas que en ese momento la ciencia no confirmaba.
También me he topado con comentarios de ese tono en Internet. Gente que comenta con desdén la postura que considera débil. Dice algo de nosotros la manera en que tratamos a quienes consideramos más pequeños. Quizás lo mejor sería tratar con respeto cada opción, por más absurda que nos pudiera parecer. Y, cuando parece que se tiene la razón, aceptar eso también con humildad. En lugar de poseer o defender la verdad, buscarla.
Como un chef
Como se nos enseña a aprender que hay procedimientos para realizar las cosas, muchos suelen pensar que es el único modo y que así es como debe hacer las cosas toda la gente.
Me imagino que, observando a la gente que hace las cosas con maestria, alguien anotó el procedimiento que seguía, de modo similar a alguien anotando como el chef va preparando la comida. Cuánto se usa de cada ingrediente, en qué orden se agregan, qué se hace en cada paso, hasta obtener el sabroso resultado.
Sin embargo, si le preguntan al chef, no se conduce de ese modo.
Un chef visualiza un resultado y conduce los ingredientes y recursos disponibles hacia allá. Decide que ingredientes participarán, en qué cantidad y en qué orden, usando su experiencia para consultar, en el futuro que tiene frente a él, en cada paso, cuál de todos los caminos posibles lo conduce a su destino.
Conforme repita la receta, los procedimientos se irán puliendo, las cantidades se irán estabilizando y se notará una receta que se puede compartir con el mundo.
Cuando usted cocina, en lugar de seguir una receta, ¿no quisiera sentir lo mismo que el chef?.
Cuando uno hace algo; dibujar, pintar, fotografiar, escribir, bailar, cantar, etc, puede seguir procedimientos, recetas, durante un tiempo, mientras aprende a ubicarse en el campo. Luego de practicar un tiempo, un día se encontrará actuando sin necesidad de una receta, tomando lo que tiene disponible, eligiendo con su intuición el camino que conduce al resultado elegido.
Se siente bien llegar a montar una bicicleta y conducirla sin pensar en que se esta pedaleando, o girando el timón, sino simplemente dejando que todo fluya y podamos ir como imaginamos.
Quizás sea mejor enseñarnos a reconocer ese sentimiento. Construir nuestro aprendizaje alimentando esa manera de sentir y resolver las cosas. Es un viaje más placentero.
Me imagino que, observando a la gente que hace las cosas con maestria, alguien anotó el procedimiento que seguía, de modo similar a alguien anotando como el chef va preparando la comida. Cuánto se usa de cada ingrediente, en qué orden se agregan, qué se hace en cada paso, hasta obtener el sabroso resultado.
Sin embargo, si le preguntan al chef, no se conduce de ese modo.
Un chef visualiza un resultado y conduce los ingredientes y recursos disponibles hacia allá. Decide que ingredientes participarán, en qué cantidad y en qué orden, usando su experiencia para consultar, en el futuro que tiene frente a él, en cada paso, cuál de todos los caminos posibles lo conduce a su destino.
Conforme repita la receta, los procedimientos se irán puliendo, las cantidades se irán estabilizando y se notará una receta que se puede compartir con el mundo.
Cuando usted cocina, en lugar de seguir una receta, ¿no quisiera sentir lo mismo que el chef?.
Cuando uno hace algo; dibujar, pintar, fotografiar, escribir, bailar, cantar, etc, puede seguir procedimientos, recetas, durante un tiempo, mientras aprende a ubicarse en el campo. Luego de practicar un tiempo, un día se encontrará actuando sin necesidad de una receta, tomando lo que tiene disponible, eligiendo con su intuición el camino que conduce al resultado elegido.
Se siente bien llegar a montar una bicicleta y conducirla sin pensar en que se esta pedaleando, o girando el timón, sino simplemente dejando que todo fluya y podamos ir como imaginamos.
Quizás sea mejor enseñarnos a reconocer ese sentimiento. Construir nuestro aprendizaje alimentando esa manera de sentir y resolver las cosas. Es un viaje más placentero.
2011/03/17
Sueño y realidad
Algunas veces, al soñar, aparece de manera clara, tan simple, aquello que despiertos es difícil de entender.
Y, en el instante que dura el despertar, aquella conciencia se va, como agua escapando entre los dedos.
Antes, tan real, tan palpable. Ahora, ni siquiera un recuerdo o, tal vez, la pizca de un recuerdo.
Algunos dicen que son ilusiones. Pero que tal si es esa la verdad y este el engaño.
Que se ha educado nuestra conciencia para que aprendamos a no ver lo que nuestro subconsciente nos muestra cuando ella duerme.
Que la verdad es simple, y es nuestra conciencia quien la nubla y distorsiona, como un cristal de fondo de botella que usáramos para contemplar el mundo.
Que el tiempo mismo es una ilusión. Que, en cada plano, ya todo está. Que no se ha desvanecido el pasado ni está por formarse el futuro. Que, simplemente, todo es.
Que estamos leyendo las letras de la novela de nuestras vidas, imaginando que hemos escrito cada palabra que acabamos de leer, e imaginando que tenemos el poder de escribir la siguiente.
Que imaginamos que escribimos una vida que, realmente, sólo leemos, incluso dándole a esas secuencias de letras, a esas manchas de tinta, un sentido y un orden que sólo existen en nuestra conciencia.
Y, en el instante que dura el despertar, aquella conciencia se va, como agua escapando entre los dedos.
Antes, tan real, tan palpable. Ahora, ni siquiera un recuerdo o, tal vez, la pizca de un recuerdo.
Algunos dicen que son ilusiones. Pero que tal si es esa la verdad y este el engaño.
Que se ha educado nuestra conciencia para que aprendamos a no ver lo que nuestro subconsciente nos muestra cuando ella duerme.
Que la verdad es simple, y es nuestra conciencia quien la nubla y distorsiona, como un cristal de fondo de botella que usáramos para contemplar el mundo.
Que el tiempo mismo es una ilusión. Que, en cada plano, ya todo está. Que no se ha desvanecido el pasado ni está por formarse el futuro. Que, simplemente, todo es.
Que estamos leyendo las letras de la novela de nuestras vidas, imaginando que hemos escrito cada palabra que acabamos de leer, e imaginando que tenemos el poder de escribir la siguiente.
Que imaginamos que escribimos una vida que, realmente, sólo leemos, incluso dándole a esas secuencias de letras, a esas manchas de tinta, un sentido y un orden que sólo existen en nuestra conciencia.
2011/02/25
Método Socrático
Sócrates ayudaba a que cada uno descubriera su propia respuesta. La respuesta estaba dentro de uno.
Algunos llevaron esto al extremo de decir que todas las respuestas, que todo el conocimiento, estaba dentro de uno.
Por supuesto que otros, como Aristóteles, hicieron notar que no era así, y que nuestra experiencia sensorial contribuye al conocimiento.
Y así algunos más, como Kant, llevaron esto también al extremo de decir que el conocimiento provenía únicamente de nuestra experiencia sensorial o de nuestras elaboraciones a partir de ellas.
Hacen parecer que Sócrates o Aristóteles defendían ideas extremas, pero yo no siento que fuera así. Ellos comprendían algo que se ha perdido en la traducción y en los debates sobre las traducciones.
Yo siento que lo que Sócrates suponía era que el conocimiento que uno busca siempre proviene del propio interior. Que uno siempre tiene dentro de sí mismo la respuesta a las preguntas que es capaz de formular. Si puedes hacer esa pregunta, es porque dentro de ti tienes la respuesta. Quizás cubierta de muchas capas, como una cebolla. Sócrates ayudaba a que uno des-cubriera la respuesta, pelando la cebolla, hasta distinguir la respuesta.
Cómo se generó ese conocimiento, sí ya estaba allí cuando uno nació, o si fue resultado de la experiencia, o una combinación de ambas cosas, es otra cuestión. No importa el origen, el hecho es que si puedes pensar la pregunta, también puedes pensar la respuesta. Y el por qué de eso es, me parece, algo que podríamos intentar descubrir. Por qué Sócrates pensaba eso. Y no sólo lo pensaba, de hecho lo demostraba en sus conversaciones con la gente con quien se encontraba, ejercitando lo que se vino a llamar el Método Socrático.
Sobre la cuestión de la generación del conocimiento, Kant decía que no podía imaginar que eso fuera posible antes de la experiencia sensorial. Quizás sea que los tiempos han cambiado, pero yo puedo imaginar un disco duro conteniendo programas aún antes de que la computadora que lo use haya sido encendida por primera vez. Así que me atrevo a imaginar algo similar para el conocimiento. Imaginar que hay una base de conocimiento que llega a nosotros de algún modo. Quizás contenida en los genes que heredamos. Quizás implícita en nuestra estructura física. Quizás un poco de ambas posibilidades y otras más.
Tal vez ese conocimiento nato esté en un nivel que escapa de nuestro intento de representarlo verbal o sensorialmente. Aunque podríamos ignorarlo, pienso que es mejor considerar la posibilidad de que puede existir.
Entiendo que Piaget mostró que las personas van construyendo conocimiento usando sus experiencias sensoriales. Para construir algo, se requiere de una base previa y de herramientas, tanto como de materiales. Con la base y las herramientas que tiene un recién nacido, éste va construyendo conocimiento de una manera distinta a como lo hará al año, cuando ya haya mucho más base construida y tenga más herramientas, o a los siete años, o a los doce, o cuando sea adulto.
En un mismo ambiente, ante las mismas influencias ambientales, y teniendo las mismas percepciones, personas de diferentes bases y herramientas incorporarán cada uno diferente conocimiento. Para algunas, habrá conocimiento que pudiera parecer obvio para otras, pero que no es capaz de incorporar, porque no tienen las bases o las herramientas para ello.
A veces, también ocurre que se tiene las bases y las herramientas, pero no los estímulos ambientales. Me pregunto si siempre podremos volver a retomar aquellas estructuras que no pudimos crear por ese motivo. Si tendrá la edad que ver con ello. O quizás sea el orden (o el desorden) de nuestras construcciones lo que determina si podemos retormar alguna estructura pendiente.
Es interesante cuando gente con bases y herramientas completamente diferente a la norma recibe las influencias de un ambiente inusual. Como un viajero en tierra extraña, teniendo pensamientos que un nativo no tendría, por la ventaja de empezar a conocer otra cultura además de la suya.
Cuando un sociólogo visita la tierra de las matemáticas, o un matemático la de las ciencias sociales, o cuando se trabaja en equipos inter disciplinarios, surgen muchas ideas novedosas que posiblemente no surgirían en un ambiente homogéneo. Si soy programador, con alguna base en ingeniería, supongo que cuando me aventuro en otro tipo de lecturas y ambientes, contemplo de manera particular algunas cosas que para otros tal vez no sean tan especiales. Y viceversa.
Dicen que los psicópatas no sienten remordimientos cuando realizan lo que nosotros consideramos malvado. Me pregunto si será porque no incorporaron a su conocimiento aquello que la mayoría de la gente sí, sobre lo que es bueno o malo. Entonces, me pregunto si habría forma para que lo incorporen, o algo equivalente, que haga así segura su inclusión en un ambiente social.
La intuición de los expertos sería un tipo de conocimiento que se puede generar a partir de cierto nivel de experiencia. Me pregunto, si viviéramos más tiempo, que tipo de conocimiento seríamos capaces de generar.
Las estructuras verbales forman parte de las herramientas que usamos para construir conocimiento. Como un martillo. Me pregunto qué otras herramientas habrá para construir conocimiento. Si con el tiempo aparecerán personas que dominen la mecánica y la ciencia de esto, haciendo herramientas, sistemas y métodos más sofisticados, para construir mejor conocimiento que ahora ni imaginamos.
Pues entonces, sigamos a Sócrates. Si podemos preguntarnos esas cosas, entonces ya tenemos las respuestas y será cuestión de des-cubrirlas. Dentro de nosotros mismos.
Algunos llevaron esto al extremo de decir que todas las respuestas, que todo el conocimiento, estaba dentro de uno.
Por supuesto que otros, como Aristóteles, hicieron notar que no era así, y que nuestra experiencia sensorial contribuye al conocimiento.
Y así algunos más, como Kant, llevaron esto también al extremo de decir que el conocimiento provenía únicamente de nuestra experiencia sensorial o de nuestras elaboraciones a partir de ellas.
Hacen parecer que Sócrates o Aristóteles defendían ideas extremas, pero yo no siento que fuera así. Ellos comprendían algo que se ha perdido en la traducción y en los debates sobre las traducciones.
Yo siento que lo que Sócrates suponía era que el conocimiento que uno busca siempre proviene del propio interior. Que uno siempre tiene dentro de sí mismo la respuesta a las preguntas que es capaz de formular. Si puedes hacer esa pregunta, es porque dentro de ti tienes la respuesta. Quizás cubierta de muchas capas, como una cebolla. Sócrates ayudaba a que uno des-cubriera la respuesta, pelando la cebolla, hasta distinguir la respuesta.
Cómo se generó ese conocimiento, sí ya estaba allí cuando uno nació, o si fue resultado de la experiencia, o una combinación de ambas cosas, es otra cuestión. No importa el origen, el hecho es que si puedes pensar la pregunta, también puedes pensar la respuesta. Y el por qué de eso es, me parece, algo que podríamos intentar descubrir. Por qué Sócrates pensaba eso. Y no sólo lo pensaba, de hecho lo demostraba en sus conversaciones con la gente con quien se encontraba, ejercitando lo que se vino a llamar el Método Socrático.
Sobre la cuestión de la generación del conocimiento, Kant decía que no podía imaginar que eso fuera posible antes de la experiencia sensorial. Quizás sea que los tiempos han cambiado, pero yo puedo imaginar un disco duro conteniendo programas aún antes de que la computadora que lo use haya sido encendida por primera vez. Así que me atrevo a imaginar algo similar para el conocimiento. Imaginar que hay una base de conocimiento que llega a nosotros de algún modo. Quizás contenida en los genes que heredamos. Quizás implícita en nuestra estructura física. Quizás un poco de ambas posibilidades y otras más.
Tal vez ese conocimiento nato esté en un nivel que escapa de nuestro intento de representarlo verbal o sensorialmente. Aunque podríamos ignorarlo, pienso que es mejor considerar la posibilidad de que puede existir.
Entiendo que Piaget mostró que las personas van construyendo conocimiento usando sus experiencias sensoriales. Para construir algo, se requiere de una base previa y de herramientas, tanto como de materiales. Con la base y las herramientas que tiene un recién nacido, éste va construyendo conocimiento de una manera distinta a como lo hará al año, cuando ya haya mucho más base construida y tenga más herramientas, o a los siete años, o a los doce, o cuando sea adulto.
En un mismo ambiente, ante las mismas influencias ambientales, y teniendo las mismas percepciones, personas de diferentes bases y herramientas incorporarán cada uno diferente conocimiento. Para algunas, habrá conocimiento que pudiera parecer obvio para otras, pero que no es capaz de incorporar, porque no tienen las bases o las herramientas para ello.
A veces, también ocurre que se tiene las bases y las herramientas, pero no los estímulos ambientales. Me pregunto si siempre podremos volver a retomar aquellas estructuras que no pudimos crear por ese motivo. Si tendrá la edad que ver con ello. O quizás sea el orden (o el desorden) de nuestras construcciones lo que determina si podemos retormar alguna estructura pendiente.
Es interesante cuando gente con bases y herramientas completamente diferente a la norma recibe las influencias de un ambiente inusual. Como un viajero en tierra extraña, teniendo pensamientos que un nativo no tendría, por la ventaja de empezar a conocer otra cultura además de la suya.
Cuando un sociólogo visita la tierra de las matemáticas, o un matemático la de las ciencias sociales, o cuando se trabaja en equipos inter disciplinarios, surgen muchas ideas novedosas que posiblemente no surgirían en un ambiente homogéneo. Si soy programador, con alguna base en ingeniería, supongo que cuando me aventuro en otro tipo de lecturas y ambientes, contemplo de manera particular algunas cosas que para otros tal vez no sean tan especiales. Y viceversa.
Dicen que los psicópatas no sienten remordimientos cuando realizan lo que nosotros consideramos malvado. Me pregunto si será porque no incorporaron a su conocimiento aquello que la mayoría de la gente sí, sobre lo que es bueno o malo. Entonces, me pregunto si habría forma para que lo incorporen, o algo equivalente, que haga así segura su inclusión en un ambiente social.
La intuición de los expertos sería un tipo de conocimiento que se puede generar a partir de cierto nivel de experiencia. Me pregunto, si viviéramos más tiempo, que tipo de conocimiento seríamos capaces de generar.
Las estructuras verbales forman parte de las herramientas que usamos para construir conocimiento. Como un martillo. Me pregunto qué otras herramientas habrá para construir conocimiento. Si con el tiempo aparecerán personas que dominen la mecánica y la ciencia de esto, haciendo herramientas, sistemas y métodos más sofisticados, para construir mejor conocimiento que ahora ni imaginamos.
Pues entonces, sigamos a Sócrates. Si podemos preguntarnos esas cosas, entonces ya tenemos las respuestas y será cuestión de des-cubrirlas. Dentro de nosotros mismos.
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