Cuando estamos en la Zona, aquel estado en el que hacemos lo que amamos, enfrentamos dificultades y frustraciones, con singular perseverancia y entrega.
Algunos, al ver esto, se distraen en los actos que ven, ignoran los sentimientos que no ven, y malentienden la situación.
Confunden las cosas y atribuyen el éxito a la perseverancia y entrega únicamente.
Luego, derivan que cualquiera puede hacer cualquier cosa si perseveran y se entregan lo suficiente.
Suena bonito. Y, como prueba, exhiben a los campeones, los vencedores, los que han logrado escalar los podios que se han construido.
No prestan atención a los cuerpos regados en el campo de batalla ni muestran a los innumerables casos de aquellos que perseveraron y se entregaron y nunca lo lograron. Simplemente asumen que no lo hicieron lo suficiente. Y simplemente lo creemos.
Pero, si se necesita un montón de gente descartada para lograr un campeón, entonces hay algo que deberíamos entender mejor para no generar tanto sufrimiento.
Y entendemos experimentando, y escuchando aquellos que experimentan, estar en la Zona.
Hay algo que no esta bien en el razonamiento de la perseverancia y entrega para lograr cualquier cosa. Por más que haya una corriente filosófica que parezca apoyarlo, la consecuencia de aceptarlo es que eres susceptible de ser manipulado.
Si te has enamorado y has sentido que puedes hacer lo que sea por alguien, con la mente llena por una presencia que te ayuda a tolerar lluvia frío y dificultades con tal de estar a su lado... pues algo así es estar en la Zona.
Que la perseverancia y la entrega te llevarán a la Zona es como pretender que las flores y los chocolates harán que alguien se enamore. Aunque suceda así en el cine, sabes que en la vida real es al revés. Es por amor que llevas los obsequios.
Del mismo modo, es por el llamado que perseveras y te entregas y estás en la Zona, y no al revés.
Si estás con alguien sin amor, tienes suerte si con el tiempo la constancia en los actos de amor te llevan a enamorarte. Pero si estas con alguien por amor, ese sentimiento te llevará a planos que jamas soñaste.
Nos concedemos ese derecho en el amor pero aún estamos en camino de concedernos lo mismo en el trabajo.
Debes llegar a un trabajo que te permita desarrollarte en tu Zona, que te respete por lo que eres y no que trate de convertirte en un recurso conveniente e intercambiable.
Aceptar la existencia de la Zona es como aceptar la existencia del amor. El amor existe. Lo hemos experimentado. La Zona existe.
Que cualquiera puede lograr lo mismo que un campeón es un malentendido. Una mentira construida con trozos de verdad. Es como decir que puedes hacer un matrimonio feliz con cualquier mujer. Es un gran estímulo para todos los solteros que sueñan con la Miss Universo decirles que cualquier sueño está a su alcance. Suena inspirador, pero es una trampa. Sabemos que las cosas no funcionan así.
Es una trampa porque es aceptando esa frase de azúcar que consiguen controlarte. "Anda, sigue por este camino (que me conviene que sigas aunque no te guste), porque es el mejor y nada es imposible (pero si no lo logras es tu culpa)". Y, una vez que aceptas el argumento, tristemente, lo usan para que hagas lo que desean.
Lo que es verdad es que cualquiera puede ser feliz amando a alguien que lo ama. Del mismo modo, lo que es verdad es que cualquiera puede ser campeón si honra hacer lo que ama.
Perseverar y entregarse es algo que sucede naturalmente en la Zona, tu Zona, y nadie puede decidirla por ti.
El control de otras personas es una primitiva forma de organización que va quedando atrás. Hay un nuevo nivel donde las personas respetan su llamado particular y el de los demás, y se organizan para crear cosas que quizás nadie ha soñado aún.
Estamos entrando a nuestra Zona.
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2014/10/03
2014/02/03
Pruebas en lugar de certificaciones
¿Cuál es la razón por la que las que los estudiantes deben aceptar un código de honor al inscribirse en un curso online de una universidad?
¿Qué pasaría si alguien usara respuestas de otras personas haciéndolas pasar por suyas y obtuviera un certificado de esa universidad?
¿Por qué es importante el certificado otorgado por una universidad?
Si vinieran dos personas a una empresa y fuera contratada aquella que muestra mejores certificados, quien la elige está actuando bajo el supuesto que el certificado es una garantía de algo. Pero no es así necesariamente. Hay estudiantes con buenas certificaciones que no se desempeñan tan bien en el trabajo.
¿No debería, idealmente, una empresa tratar de desarrollar una forma de asegurar que la persona que contrata sea la que necesita? ¿Es posible desarrollar un sistema de pruebas en ese sentido? No me refiero a las pruebas típicas que conocimientos y psicológicas a que someten a los candidatos a un trabajo, sino a pruebas que permitan sacar a la luz lo que el candidato es y sus potencialidades para el trabajo al que aspira.
La obtención de certificaciones es manipulable. Hace recordar a los antiguos títulos nobiliarios. Donde la gente buscaba asegurar sus derechos de algún modo. Porque los certificados parecen a veces ser eso; modos de asegurar el derecho de acceder a más conocimiento y trabajo. Y se está notando que no son tan prácticos.
Pienso que hay un modo más práctico de manejar esta situación. Sería excelente que hubiera mecanismos que permitieran a cualquier miembro de una empresa encontrar su propio camino, su puesto idóneo. Y si no lo encuentra allí, modos de traslado suave a otras empresas.
El problema es que el desplazamiento dentro de una misma empresa suele ser bastante difícil. Y entre empresas, salir de un trabajo a otro, puede ser muy estresante. Pero hay modos de hacer esto más llevadero, más suave.
¿Qué pasaría si alguien usara respuestas de otras personas haciéndolas pasar por suyas y obtuviera un certificado de esa universidad?
¿Por qué es importante el certificado otorgado por una universidad?
Si vinieran dos personas a una empresa y fuera contratada aquella que muestra mejores certificados, quien la elige está actuando bajo el supuesto que el certificado es una garantía de algo. Pero no es así necesariamente. Hay estudiantes con buenas certificaciones que no se desempeñan tan bien en el trabajo.
¿No debería, idealmente, una empresa tratar de desarrollar una forma de asegurar que la persona que contrata sea la que necesita? ¿Es posible desarrollar un sistema de pruebas en ese sentido? No me refiero a las pruebas típicas que conocimientos y psicológicas a que someten a los candidatos a un trabajo, sino a pruebas que permitan sacar a la luz lo que el candidato es y sus potencialidades para el trabajo al que aspira.
La obtención de certificaciones es manipulable. Hace recordar a los antiguos títulos nobiliarios. Donde la gente buscaba asegurar sus derechos de algún modo. Porque los certificados parecen a veces ser eso; modos de asegurar el derecho de acceder a más conocimiento y trabajo. Y se está notando que no son tan prácticos.
Pienso que hay un modo más práctico de manejar esta situación. Sería excelente que hubiera mecanismos que permitieran a cualquier miembro de una empresa encontrar su propio camino, su puesto idóneo. Y si no lo encuentra allí, modos de traslado suave a otras empresas.
El problema es que el desplazamiento dentro de una misma empresa suele ser bastante difícil. Y entre empresas, salir de un trabajo a otro, puede ser muy estresante. Pero hay modos de hacer esto más llevadero, más suave.
2012/04/14
Administrar a la gente
De una conferencia de Masa Maeda sobre uso de metodologías agiles en administración, me quedaron algunas ideas que se han ido desarrollando en mi cabeza :-)
Cuando se es promovido a un puesto en el siguiente nivel de una organización, hay que entender que lo que se tiene que promover no es sólo el nivel del título, sino el nivel del manejo y las responsabilidades.
Ya no se ocupa uno en hacer directamente la tarea, aunque pueda hacerlo, y quizás mejor, sino en que otras personas puedan hacerlo del mejor modo del que sean capaces de hacerlo. Hay que administrar a la gente y dejar que ellos administren la tarea.
Cuando se insiste en seguir haciendo la cosa, ocurren problemas de subadministración.
El sobrecontrol ocurre cuando se utiliza a las personas para hacer la tarea, en lugar de ayudarlas a que ellas lo puedan hacer.
El subcontrol ocurre cuando se descuida el manejar a las personas por hacer uno mismo la tarea que ellas podrían hacer.
Igual que no se puede ver claro cuando se está dentro de una nube de polvo, sino que hay que buscar un sitio elevado y algo distante para contemplar mejor la situación, tampoco se puede administrar con claridad si se insiste en permanecer en el nivel que se tiene que supervisar.
La subadministración puede ocurrir también en el hogar. Padres que insisten en vivir a través de sus hijos las experiencias que ellos tuvieron o quisieran haber tenido. Padres que quitan a sus hijos la oportunidad de que hagan las cosas por sí mismos, en un afán perfeccionista, sin comprender que fallar y recuperarse es el único camino para aprender y adquirir seguridad. Padres que creen que tienen que construir a sus hijos cuando lo que tienen que hacer es apoyar, facilitar, confiar y dejarlos crecer.
Quizás sea que los padres no ha terminado de madurar y tienen un asunto no resuelto con sus propios padres, y buscan de algún modo inconsciente resolverlo usando la vida de sus propios hijos en el proceso. Tal vez sea buena idea enviarlos a resolver sus asuntos con quienes les corresponde.
De modo similar, puede ser que el deseo de una persona por hacer las tareas de la gente a la cual debería servir como facilitador, es que no ha madurado en el puesto que antes desempeñó o hubiera querido desempeñar. Tal vez sea buena idea enviarlo a resolver esos asusntos pendientes antes de promoverlo.
2009/05/17
Por amor al arte
A veces, algo que antes era muy satisfactorio de hacer, ya no lo es.
Puede ser difícil notarlo, porque es difícil aceptarlo.
A mi me gustaba programar computadoras. Mucho. Pero últimamente no me siento bien al respecto. Naturalmente, alguien quiere que se haga un trabajo, y uno puede hacerlo, pero, de pronto, simplemente es algo que no siento demasiadas ganas de hacer.
Uno podría atribuir este desinterés crónico al stress, o a una depresión. Pero el stress ha pasado, ya no me siento deprimido y aún el plato de trabajo frente a mí no logra despertar mi apetito.
Pienso que es como cuando te obligan a comer continuamente cierta comida. Aún si fuera tu plato favorito llegarás a hartarte. La experiencia podría haber sido tan traumática que te darían nauseas cuando te volvieran a mostrar lo que antes te gustaba tanto.
O como cuando caminas hacia la panadería, cruzas el parque y vuelves con el pan. No es lo mismo cruzar el parque de ese modo, con una finalidad, que hacerlo porque sí, por el simple hecho de cruzarlo. Cuando lo haces porque sí, puedes concentrarte en cada paso, sentir tu peso apoyarse en cada pisada; inspirar el aire, apreciar los aromas que trae la brisa; ver los árboles, y los destellos del cielo a través de las hojas; puedes disfrutar el paseo. Pero cuando lo haces por otra razón, el mismo viaje se vuelve diferente.
Antes, yo pensaba que bastaba con trabajar haciendo lo que te gusta para hacerlo con gusto. Pero se requiere además cierta actitud para proteger ese ruiseñor interior para que no termine muriendo de pena al fondo de una jaula (Si se me entiende la referencia).
Aunque sepamos que hay otra razón para hacer algo, es importante hacerlo porque sí. Mientras caminas hacia la panadería, deja de pensar en el destino y disfruta el camino.
En algún momento, permití que alguien dañara mi gusto por algo.
Tal vez, a veces, uno no pueda decir que no, pero dilo. Es mejor perder un trabajo que perder el alma. Que se enoje el emperador, pero que no muera el ruiseñor.
Puede ser difícil notarlo, porque es difícil aceptarlo.
A mi me gustaba programar computadoras. Mucho. Pero últimamente no me siento bien al respecto. Naturalmente, alguien quiere que se haga un trabajo, y uno puede hacerlo, pero, de pronto, simplemente es algo que no siento demasiadas ganas de hacer.
Uno podría atribuir este desinterés crónico al stress, o a una depresión. Pero el stress ha pasado, ya no me siento deprimido y aún el plato de trabajo frente a mí no logra despertar mi apetito.
Pienso que es como cuando te obligan a comer continuamente cierta comida. Aún si fuera tu plato favorito llegarás a hartarte. La experiencia podría haber sido tan traumática que te darían nauseas cuando te volvieran a mostrar lo que antes te gustaba tanto.
O como cuando caminas hacia la panadería, cruzas el parque y vuelves con el pan. No es lo mismo cruzar el parque de ese modo, con una finalidad, que hacerlo porque sí, por el simple hecho de cruzarlo. Cuando lo haces porque sí, puedes concentrarte en cada paso, sentir tu peso apoyarse en cada pisada; inspirar el aire, apreciar los aromas que trae la brisa; ver los árboles, y los destellos del cielo a través de las hojas; puedes disfrutar el paseo. Pero cuando lo haces por otra razón, el mismo viaje se vuelve diferente.
Antes, yo pensaba que bastaba con trabajar haciendo lo que te gusta para hacerlo con gusto. Pero se requiere además cierta actitud para proteger ese ruiseñor interior para que no termine muriendo de pena al fondo de una jaula (Si se me entiende la referencia).
Aunque sepamos que hay otra razón para hacer algo, es importante hacerlo porque sí. Mientras caminas hacia la panadería, deja de pensar en el destino y disfruta el camino.
En algún momento, permití que alguien dañara mi gusto por algo.
Tal vez, a veces, uno no pueda decir que no, pero dilo. Es mejor perder un trabajo que perder el alma. Que se enoje el emperador, pero que no muera el ruiseñor.
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