¿Qué es la fe?
Son las cuatro de la mañana y está oscuro. Se hace más oscuro con cada minuto que pasa. Y también va haciendo más frío.
Sólo conoces la noche en la que has nacido, la noción de que las estrellas son soles lejanos, el milagro de la Luna en una noche clara.
Pero son las cuatro y ya la Luna se ha marchado. Las estrellas se van yendo una a una. Hasta que todo el cielo parece un pozo infinito y eterno.
Aún así, sabes que el Sol saldrá.
Eso es fe.
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2017/12/16
2017/10/12
Saltos de fé
Había un hombre que iba a enfrentar a otro en un campo.
Estaba allí, alto, con sus músculos expuestos, seguro de sí mismo, viendo como llegaba aquel enclenque, débil, pequeño, sin las fuerzas ni la habilidad necesarias para tan siquiera poder empujarlo.
El pequeño se paró frente a él, mientras toda la gente que había llegado a ver formaba un círculo en torno a ellos.
Frente al gigante que nadie se atrevería jamás a enfrentar, estaba un pequeño que se había atrevido a hacerlo, allí, mirando más allá de el, como si pudiera ganarle.
Entonces, cuando el gigante dio un paso, un desconocido, salió a interponerse entre ambos.
No era amigo del pequeño, ni le debía nada.
Vencer al gigante estaba más allá del alcance del pequeño. Y esto también, pero estaba sucediendo.
¿Cómo podía preverlo alguien? Simplemente sucedió.
Es así con los milagros de los saltos de fe. Por alguna razón, algo más allá de tu alcance, algo que no puedes controlar, algo de afuera, te ayuda, si llegas a enfrentarte al gigante.
¿Y quién gano? ¿Acaso importa?
Estaba allí, alto, con sus músculos expuestos, seguro de sí mismo, viendo como llegaba aquel enclenque, débil, pequeño, sin las fuerzas ni la habilidad necesarias para tan siquiera poder empujarlo.
El pequeño se paró frente a él, mientras toda la gente que había llegado a ver formaba un círculo en torno a ellos.
Frente al gigante que nadie se atrevería jamás a enfrentar, estaba un pequeño que se había atrevido a hacerlo, allí, mirando más allá de el, como si pudiera ganarle.
Entonces, cuando el gigante dio un paso, un desconocido, salió a interponerse entre ambos.
No era amigo del pequeño, ni le debía nada.
Vencer al gigante estaba más allá del alcance del pequeño. Y esto también, pero estaba sucediendo.
¿Cómo podía preverlo alguien? Simplemente sucedió.
Es así con los milagros de los saltos de fe. Por alguna razón, algo más allá de tu alcance, algo que no puedes controlar, algo de afuera, te ayuda, si llegas a enfrentarte al gigante.
¿Y quién gano? ¿Acaso importa?
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