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2010/04/24

Libre distribución

Cuando una persona produce una cosa, puede pedir a cambio otra cosa, que la recompense y cubra el costo de haberla producido. De ese modo, gracias al intercambio, la compra y venta, puedo producir manzanas pero comer naranjas.

Sin embargo, algunas veces la gente complica las cosas.

Modelo propietario

Si sólo quién produjera manzanas pudiera vender manzanas y sólo quién produjera naranjas pudiera vender naranjas, lo que tendríamos sería:

A) Un mundo donde habría que viajar hasta donde vive el que produce manzanas  para conseguir una manzana, y luego viajar hasta donde vive el que produce las naranjas para conseguir una naranja. Para evitar hacerlo nosotros mismos, buscaríamos alguien que lo haga por nosotros. El mundo se poblaría de intermediarios para hacer las compras.

B) Un mundo donde, en lugar de que se muevan los compradores, se mueva el vendedor. El que produce manzanas tendría que viajar hasta donde cada persona que quiere una manzana. Y el que produce naranjas hasta donde cada persona que quiere una naranja. Para evitar hacerlo ellos mismos, buscarían alguien que lo haga por ellos. El mundo se poblaría de intermediarios para vender.

C) Un mundo intermedio etre A) y B), con vendedores llevando las manzanas y naranjas de los productores a cierto lugar común, un mercado, donde las adquieran los compradores que las llevan hacia los consumidores.

Modelo libre

Ahora, si cualquiera pudiera vender manzanas y naranjas, lo que tendríamos es un mundo donde cualquier lugar podría ser un mercado. Los mercados podrían aparecer y desaparecer con más flexibilidad, según fueran requeridos. Si mi vecino quiere una manzana, se la puedo vender sin necesidad de ser un productor o de traer un vendedor autorizado para esa única venta.

Libera el poder de distribución que es inhibido en el mundo con prohibiciones. Además, sin prohibiciones, la sociedad tampoco sufre los costos de las complejidades asociadas, como vigilancia, control, policía, mafia y mercado negro.

Manzanas e ideas

George Bernard Shaw, escritor y ganador del Nobel de Literatura, dijo una vez:
"Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea e intercambiamos ideas, entonces ambos tendremos dos ideas."
Una idea se puede duplicar más fácilmente que una manzana. Esa es la diferencia.

Hay que distinguir entre una idea y su soporte. Un mensaje es una idea, el papel donde se ha impreso es el soporte. Si se copia un libro, se copian dos cosas: la idea y el soporte.

Vivimos en un mundo donde, básicamente, cualquiera es libre de distribuir el soporte, pero no lo es de distribuir la idea. La copia de ideas está prohibida, con independencia del soporte.

Aunque nos han instruido para aceptar esto como algo natural, no es así. En realidad, es incluso contraproducente.

Cuando algo puede ser duplicado con facilidad, se vuelve más notorio lo contraproducente de limitar su distribución.

Imagine que tuvieramos el aparato duplicador, de la serie Star Trek, y fueramos capaces de duplicar cualquier cosa, como manzanas. ¿Cómo le parecería que le dijeran que sólo el productor de manzanas puede duplicar sus manzanas y el resto del mundo no? ¿Qué clase de vicios cree que generaría una prohibición que es más util quebrar que seguir?

Pues eso mismo és lo que están haciendo con las ideas, las palabras, la música, las imágenes. Tenemos aparatos duplicadores de ideas y podemos duplicar con relativa facilidad libros, canciones, películas. Sin embargo, está prohibido. Esto requiere vigilancia, represión, y vuelve negro el mercado que debería funcionar bajo el sol.

Cuando duplicar libros, discos y películas era más difícil, se formaron empresas que resolvían el problema de cómo distribuir esas cosas. Y, por supuesto, ganaban dinero. Estas empresas acordaron entre sí normar la duplicación de lo que la otra ya duplicaba, de modo que tuvieran control del asunto. Y grabaron ese pacto como leyes, para garantizar el respaldo social al mecanismo que, en el fondo, privilegia su papel, no de productores, sino de intermediarios

Sin embargo, ahora, cualquier persona con la capacidad de copiar un libro, disco o película también resuelve el problema de cómo distribuir esas cosas. Entonces las empresas pretenden extender el alcance de su pacto para que alcance también a los individuos. Su prohibición insiste en que todos inhiban su potencial de copiar, compartir y distribuir. La prohibición, que antes pudo ser conveniente para la mayoría, ahora sólo es conveniente para esas empresas. La sociedad tiene otras alternativas. Entonces el pacto debería aclararse.

Algo que se sigue difundiendo con ayuda de esas empresas es la idea de que el autor de una idea tiene el derecho natural de poseerla. En realidad no es así. Ese derecho no es como respirar o alimentarse; no estaba allí; fue acordado por una razón. Para que fuera posible obtener una titularidad que pueda ser comprada y vendida.

Algunas personas comparan copiar un libro o una película con robar un bien. Es una falacia, porque el robo de un bien despoja a alguien de algo, pero una idea no se puede robar, porque su autor siempre seguirá teniéndola. No es como una manzana. El que lo vean como un robo, más bien, muestra que no están reclamando por las ideas, sino por el dinero que habrían obtenido por difundirlas. Si la difusión de las ideas y el arte realmente les interesara, se alegrarían de que más gente tenga la capacidad de hacer lo que antes sólamente ellos podían.

Es cómodo para un intermediario convencer al autor de que una idea le pertenece, porque así podrá etiquetarla, poseerla y comerciar con ella. Pero la realidad es que una idea no es propiedad de nadie. Ella te escoge para que se manifieste. Si tienes una idea y no la manifiestas, usándola o compartiéndola, es como si no existiera. Si limitas su distribución, limitas su evolución. Si la distribuyes, ayudas a hacerla mejor, y atraes más ideas.

Felizmente, el movimiento de software libre está mostrando al mundo lo beneficioso de un sistema de libre distribución. Programas que empezaron como un hobbie son ahora el motor de industrias millonarias con productos que pueden alcanzar una calidad muy superior. Alguien creo una idea, y dió la libertad para que la distribuyeran y la mejoraran. Con la condición de que cada copia o mejora tenga la misma libertad de ser distribuida y mejorada.

Hay muchas cosas que el mundo viene haciendo simplemente por tradición. Felizmente la gente está descubriendo que debemos buscar las verdaderas razones por las cuales hacer las cosas. El mundo está cambiando.

También el pacto de la distribución de ideas tiene que aclararse, para que pueda permitir lo que sea lo mejor para todos.

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