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2017/10/12

Saltos de fé

Había un hombre que iba a enfrentar a otro en un campo.

Estaba allí, alto, con sus músculos expuestos, seguro de sí mismo, viendo como llegaba aquel enclenque, débil, pequeño, sin las fuerzas ni la habilidad necesarias para tan siquiera poder empujarlo.

El pequeño se paró frente a él, mientras toda la gente que había llegado a ver formaba un círculo en torno a ellos.

Frente al gigante que nadie se atrevería jamás a enfrentar, estaba un pequeño que se había atrevido a hacerlo, allí, mirando más allá de el, como si pudiera ganarle.

Entonces, cuando el gigante dio un paso, un desconocido, salió a interponerse entre ambos.

No era amigo del pequeño, ni le debía nada.

Vencer al gigante estaba más allá del alcance del pequeño. Y esto también, pero estaba sucediendo.

¿Cómo podía preverlo alguien? Simplemente sucedió.

Es así con los milagros de los saltos de fe. Por alguna razón, algo más allá de tu alcance, algo que no puedes controlar, algo de afuera, te ayuda, si llegas a enfrentarte al gigante.

¿Y quién gano? ¿Acaso importa?

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