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2009/12/09

Hallando el camino (2)

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Antes, hace mucho, mucho tiempo, cada persona tenía que cuidar de sí misma. Conseguir comida, buscar un refugio, hallar un camino. Hacer posible cada cosa que necesitaba.

En cierto momento, varias personas aprendieron que podían distribuirse estas actividades, de modo que podían especializarse en hacer un tipo de cosas. Alguien reunía materiales, alguien construía, alguien procuraba la comida, alguien construía el refugio. Y todos vivían.

Algunas personas aprendieron a conducir a otras. Y las otras aprendieron a dejar ciertas decisiones a sus líderes.

Mucho tiempo después, ahora, nos encontramos dependiendo de la dirección de otras personas para poder vivir y, cuando intentamos vivir por nuestra cuenta, es tan difícil y no sabemos por qué.

Sin embargo, llegado el momento, todos tenemos la capacidad de ocuparnos de todas las cosas que necesitamos. Es sólo que esperamos que alguien nos diga qué hacer, porque estamos acostumbrados a vivir así.

Dite a ti mismo que no hay nadie. Nadie tiene la solución a tus problemas. No hay camino hacia allá. Entonces quizás sientas que surge de ti un espíritu capaz de contemplar la situación en que estás y hacerse cargo.

Es como una personalidad alterna, y posiblemente necesaria, que puede surgir cuando sentimos la urgencia de sobrevivir y no tenemos otra opción que nosotros mismos.
Es una conciencia que nos contempla desde arriba, desde donde podemos decidir mejor qué hacer y a dónde ir.
Luego bajamos y somos nosotros mismos. No podemos estar arriba y abajo a la vez.
Para comandar nuestra vida requerimos una personalidad mayor que para desarrollarla. Ambas tienen su tiempo y su espacio.

Hallando el camino

A veces, vives esperando la mano que te salvará.
La que te dará refugio, y te guiará por caminos felices.

Después de mucho deambular, has seguido la voz hasta aquí.
Y sabes que la encontrarás al cruzar la puerta.
Hacia la que avanzas, con temor.

Sientes al destino, que esta cerca.
Y a las olas de las distracciones,
que vienen como cada vez.

Pero ahora es diferente.
Quizás quisieras sentirlas más.
Que te demoren, que te alejen.

Porque dentro de ti está el miedo
al dolor de no encontrar a nadie.
A veces parece más dulce
jamás saber, que hallar la desilusión.

Pero ahora es diferente.
A pesar de todo has llegado.

Abres la puerta y ahí está, una mano extendida.
Te saluda, la observas.
Buscando distinguir cuando te señale el camino que debes seguir.

Antes de que termine de hacerlo, entiendes
que no será ella quien te salvará,
ni te cuidará, ni te guiará.
Nadie lo hará.

Al tomar conciencia de eso,
algo dentro de ti surge,
y, como desde arriba,
te ves a ti mismo, así como eres.

Desde ahí, te preguntas qué puedes hacer para salvarte,
para cuidar de ti, para averiguar a dónde ir.

Y sonríes al ver la mano señalándote.
Ahora lo entiendes.

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2009/12/08

Otra verdad incómoda

El conocimiento evoluciona.

Una mente puede crear algo. Y otras personas usarlo de un modo particular. Tal vez de la forma en que se pensó originalmente. Pero si se puede usar de otro modo, probablemente alguien lo hará. Esa probabilidad es mayor conforme es mayor el número de quienes lo usan.

¿Puede alguien decir que cierta forma de usar algo es mejor que otra? Quizás uno podría decir que una es más hermosa que la otra y por eso se debe preferir. O más elegante, o más simple, o más eficiente. Pero probablemente alguno dirá lo mismo de la otra. A más personas, más probabilidad de que eso suceda.

¿Y quién decidirá al final? El ambiente. Quien decide qué forma es la más hermosa, elegante, simple o eficiente, es el ambiente donde esa forma sobrevive.

Así, después de haber experimentado variantes y alternativas, luego de un tiempo, lo que habrá será la versión del conocimiento que mejor sobreviva en el ambiente donde se usa. Quizás se parecerá al original que alguien una vez creo. Pero probablemente será diferente. Más eficiente, simple, elegante y hermosa.

Cuantas más mentes y usuarios trabajen en un conocimiento, más rápidamente se generarán alternativas, más rápidamente se probarán, más rápido evolucionará.

Puede un autor crear algo, pero es el uso intensivo lo que permitirá mejorarlo.

A veces alguien querrá poner limitaciones artificiales a la evolución del conocimiento, como obligar a los usuarios a pagar algo por contribuir. Diciendo que es para el autor. Diciendo que es para la sociedad. Pero un intermediario simplemente está allí para ganar algo para sí mismo.

La conclusión es simple. Cuanto más se distribuya el conocimiento, hay más probabilidades de que mejore.

Este hecho se está viendo más claramente con las herramientas de libre distribución que Internet ha hecho posible. Antes, un autor debía recurrir necesariamente a una editorial para poder difundir sus obras. Ahora tiene más opciones. Hay blogs como este, libros digitales, y otros modos en que una idea puede difundirse. Distribuir gratuitamente una versión económica de un libro ayuda a que más gente lo conozca y se decida a comprar una versión más fina si vale la pena. La copia de música ayuda a que más gente la escuche y la elija por sí misma, sin depender tanto de lo que alguien la programe en la radio o la televisión, o que la recomiende en la prensa.

La comunidad de software libre, gracias a ingeniosas licencias que permiten eludir la trampa de las licencias, ha permitido que muchos programas se distribuyan masivamente y evolucionen muchísimo más rápido de lo que cualquier empresa de software pudiera lograr, o pagar. La mayor parte del software que usa Internet es libre, y creo que no sería lo que es si no fuera por eso.
Las supuestas pérdidas por copias ilegales no toman en cuenta que el volumen de obras distribuidas de ese modo no se alcanzaría si fuese pagado. Así que en realidad un intermediario pierde mucho menos de lo que dice. Un autor mucho menos de los que dice el intermediario que habla por él. Pero es mucho más lo que ganamos todos.

Entonces, si soy un autor, ¿debo distribuir libremente mis obras?

Imagine que es parte de una tribu errante y caminando por el bosque descubre un manantial. ¿Ocultaría la fuente para siempre?, ¿haría un cerco alrededor de la fuente para poder controlar el acceso de los demás?, ¿cómo resolvería ese problema?, ¿cambiaría algo si la tribu no fuera errante?.

Si tuviera hijos, ¿los retendría para siempre a su lado, o, llegado el momento, dejaría que salieran para que hicieran su propia vida?, ¿y cuándo sería ese momento?

¿Somos dueños de lo que hacemos?, ¿lo somos para siempre?, ¿si algo es bueno para los demás, se debe preferir el bien común sobre el bien particular?, ¿es un poema o una canción lo mismo que un programa, una fórmula, o un teorema?

Hágase esas preguntas. Cada uno puede tener su propia respuesta. Cuanto más participemos, más rápido se corregirá aquello aquello que haya que corregir.

La verdad no necesita ser protegida, sino buscada.

2009/12/02

Respeto

Qué es el respeto. Quizás no todos le damos el mismo significado. Y quizás por eso hayan tantos malestares en nuestras relaciones con los demás y con nosotros mismos.

Para mí, hasta no hace mucho tiempo, respetar significaba dejar algo, o alguien, en paz. Para que hicieran o siguieran haciendo su vida, sin molestarlos. Así respetaba a mis padres, a mi familia, a mis amigos, la gente de la calle, de otras naciones y otras religiones; a muchas personas, lugares, cosas y conceptos. Era fácil, simplemente no tenía que hacer nada.

Pero he descubierto que respetar significa valorar las cosas buenas de algo o alguien. De pronto el respeto ya no es algo que suceda automáticamente mientras no haga nada molesto para otro. Se convierte en algo con más significado y capaz de dar más profundidad a mi vida.

Respetar es ser capaz de valorar lo bueno y, al hacerlo, contemplamos las cosas bajo una nueva luz. Aprecio mejor, o aprendo a preciar, a quienes antes creía respetar. No son perfectos, pero tienen cosas buenas que puedo apreciar. Igual conmigo mismo. Y son las cosas buenas las que nos permiten hacer las cosas, construir, y seguir adelante.

Cuando perdemos el respeto, solemos actuar sin consideraciones. No sentimos las cualidades que antes notábamos.

¿Cómo llegamos a perder el respeto? Pienso que puede ser una reacción ante el sentimiento de impotencia que tengamos en alguna situación. Por ejemplo, cuando en el trabajo sentimos que nos obligan a hacer cosas que no nos gustan, o que no aprecian nuestras opiniones, o que hay injusticias, quizás de pronto nos encontremos desquitándonos; dejamos de esmerarnos, hablamos o nos burlamos a sus espaldas, llegamos más tarde, respondemos de mala gana, o incluso hojeamos con más frecuencia los clasificados, en busca de otras opciones. Si estamos en el otro lado, y somos jefes observando eso, quizás sea bueno ver que hay una razón por la que la gente ahora se comporta con desgano. ¿Algún acto que pudo parecer injusto?, ¿preferencias, alguna palabra hiriente, alguien se siente atrapado? A veces podemos herir sin proponernoslo.

El desdén es lo contrario al respeto. Algunas mujeres empiezan a tratar con desdén a sus parejas, fijándose y recalcando cada cosa negativa que pueden distinguir en ellos. Hasta que el amor que sentían queda tan debilitado que ya no lo sienten, dejan de intentarlo y la relación termina.

En el tarot hay una carta, la del cinco de copas, que a veces se ilustra con una figura contemplando con tristeza tres copas caídas al frente, aunque hay otras dos de pie, pero no puede verlas porque están a su espalda. Si tan sólo girara. Así es también el desdén, se queda mirando lo que no hay, en lugar de voltear y mirar lo que sí hay.

Los sentimientos no son simplemente cosas que podemos sentir, son actos que podemos realizar. Si sentimos que no hay amor, podemos amar y habrá amor. Del mismo modo, si ejercitamos el desdén, empezamos a quitar respeto. Pero si ejercitamos el respeto, apreciamos mejor las cosas, las posibilidades, y las vamos incorporando a nuestras vidas.

2009/11/30

Descubriendo la historia


Imagine que nadie estudiara. Imagine que nadie aprendiera de los que estuvieron antes las cosas que ellos descubrieron. Sus aciertos, sus fallas, su experiencia. Qué sería de nosotros. Sería como si cada uno construyera el mismo primer piso una y otra vez, sin que nadie viviera la suficiente para construir encima el segundo. Toda la ciudad del conocimiento tendría construcciones de un solo piso. Y cada uno viviría su vida resolviendo los mismos tipos de problemas; luchando las mismas batallas una y otra vez.

Se dice que quienes no conocen la historia están condenados a repetirla. Quizás no se dice lo suficiente. Quizás no se entiende lo suficiente. La historia no son los relatos y fechas que aparece en los libros de texto, junto a las figuras de hombres sabios, reinas y guerreros. La historia es principalmente el conocimiento que vamos construyendo. Saber qué partes del misterioso bosque de la vida encierran peligros y cómo enfrentarlos. Saber dónde conseguir alimento, cómo encender fuego, que ha funcionado y que no. En realidad, quizás no importa tanto lo que la gente antes de nosotros hizo en su vida, sino lo que aprendió mientras vivió. Y si eso puede ser transmitido a las generaciones siguientes, las pueden usar para construir mejor, más alto. Aunque individualmente vivamos décadas, con la memoria colectiva de la historia, la comunidad puede vivir siglos y milenios.

La historia es importante. Cuando deja notas de alguna receta o procedimiento, está haciendo historia. Cuando cuenta a sus hijos lo que aprendió de una experiencia, está haciendo historia. Cuando se enseña matemáticas, se está enseñando lo que se aprendió de la experiencia de matemáticos y educadores antes de nosotros, y eso también es historia. Lo mismo para las ciencias, las artes, los idiomas. Son conocimientos que nos ahorran mucho esfuerzo y nos ayudan a vivir, a construir, a progresar. En cambio, curiosamente, es la asignatura llamada Historia una donde no se nos invita demasiado a reflexionar ni a cuestionar, limitándose a enumerar relatos, interpretaciones y justificaciones que debemos aceptar. Casi como en Religión.

Hace mucho tiempo no había educación pública. La gente se educaba por propia iniciativa, o la de sus padres, o la de los religiosos que la acogía. Me parece que con la Revolución Industrial apareció el sistema de educación pública. Eso me sugiere que posiblemente contaron con la iniciativa, o la ayuda, de la nueva comunidad de empresarios industriales, que necesitaba personal calificado en más cantidad y con más rapidez que nunca antes en la historia. Y por lo que nos enseñan ahí, a ser ciudadanos comunes, empleados, creo que tiene sentido.

Kiyosaki, el autor de "Padre rico, padre pobre", dice que nuestros sistemas de educación pública siguieron el modelo prusiano, cuyo fin principal es formar buenos soldados y empleados. Allí se nos inculca la idea de que si se siguen las reglas, si se estudia lo suficiente, triunfarás, serás rico. Pero basta mirar alrededor para darse cuenta que eso ya no es verdad. Con ayuda de su padre rico, Kiyosaki aprendió que la verdad está en la educación financiera que recibimos, que es nula o está equivocada, y ahora él la difunde en sus libros.

Pero no es sólo educación financiera la que no se nos enseña y hay que aprender por cuenta propia, o gracias a gente como Kiyosaki. Tampoco recibimos educación real sobre cómo organizarnos, planificar, trabajar en grupo, vida social, relaciones amorosas, sexo, crianza de niños, manejar problemas, disfrutar de la vida, etc, etc. Incluso nos acostumbramos a que eso es normal y que cada uno debe encontrar sus propias respuestas. Con eso nos encontramos peleando una y otra vez la mismas batallas, enfrentando el mismo tipo de problemas. ¿Le suena familiar? Así es; no se nos enseña esas historias. Tenemos que educarnos a nosotros mismos en esos temas. Quizás sea intencional o casual. Quizás, cuando a los grupos empresariales les parezca conveniente, se empiecen a incorporar cursos sobre eso en la escuela.

Sin embargo, eso me lleva a pensar en la fragilidad de lo que conocemos. Si la educación pública lo da, lo tenemos. Si no, estamos por nuestra cuenta. Tenemos el problema que lo que la educación pública da no siempre es lo correcto. Así que por nuestra cuenta, además de completar lo que no nos dieron, tenemos que corregir la parte que nos dieron mal.

Pienso que sería bueno organizar uno o más sistemas educativos alternos al sistema público. Alguno que permita evolucionar las historias, los conocimientos, por el bien común, por la verdad. Que nos ayude a construir en aquellos campos para los que, por ahora, ni la educación pública ni la oficial, nos da mucho soporte.

Hasta no hace mucho tiempo, la mayoría de la historia consistía en material oficial autorizado. Por el sistema educativo, por el sistema editorial. Ahora, hay blogs, y mucha gente, como yo, que puede escribir lo que piensa, que puede ser leida y, quizás, hacer algo de historia.

2009/10/27

Protoplasmando una idea

¿Por qué el desarrollo de algo (como escribir una historia, o un ensayo, hacer un programa, o pintar un cuadro), parece a veces tan difícil?

Quizás sea porque obligamos a las ideas a hacer cola ante nuestra habilidad para expresarlas efectivamente.

Quizás somos más productivos y originales según que tan bien procesamos esa cola. Que tan buenos canales de ideas somos.

Las ideas pueden venir más rápido o con más abundancia que nuestra capacidad para expresarlas.
Una cola es una especie de memoria donde ponemos esas ideas hasta que les damos el turno de ser expresadas.

Pero si la expresión tarda mucho, algunas ideas se irán deteriorando, desvaneciendo o volando a otro lugar.

Es importante procesarlas lo mejor y más rápido que podamos.

Frecuentemente nos estorba el convencionalismo, o caemos en la trampa del perfeccionismo.

No podemos escribir 'bien', tan rápido como quisiéramos. No es tan 'adecuada' cierta frase o tono. No es 'perfecto' el trazo. No está todo 'como debe ser'. Para eso requerimos más tiempo que el que suelen estar dispuestas a esperar nuestras ideas sin reclamarnos una y otra vez que las atendamos.

En lugar de pretender que el primer paso sea perfecto, es más práctico protoplasmar la idea.

Protoplasmar significa hacer un proto-algo; un inicio que, de algún modo, contenga la esencia de lo que la idea es, sin necesidad de cumplir ningún protocolo, ni reglas que nos resten velocidad para hacerlo.

Para hacer un proto, se vale uno de los recursos de expresión más rápidos disponibles.

Puede ser simple papel y lápiz, una servilleta, tiza, carbón, arena, tinta; podemos anotar algo, hacer dibujos, garabatos, esquemas, palabras sueltas, frases, poesía.

Lo importante es que las ideas sean expresadas pronto, hasta resolver la cola.

Luego, se procede a trabajar con más calma sobre lo protoplasmado.

Cuando tengas una idea -tal vez la de una historia-, prueba expresarla del modo más rápido que puedas; quizás en forma de anotaciones y garabatos, dejando que salgan las palabras clave, las frases y las escenas que ves en tu mente y sientes en tu corazón.

Después, sintiendo ya más tranquilidad, casi como la de haber cumplido una misión, podrás dedicarte a detallar, descubrir, del mejor modo que esté a tu alcance, aquello que imaginas.

2009/08/22

Aprobación

Hay quizás una atracción natural hacia las personas hermosas, pero yo pienso que el aspecto cultural tiene que ver mucho más de lo que pensamos.

Casi todo en el mundo nos empuja a vivir necesitando la aprobación de los demás. Que nuestros padres nos aprueben. Que nuestros maestros nos aprueben. Que nuestros jefes nos aprueben. Que nuestra familia y amigos nos aprueben. Que nos apruebe cada persona que pueda significar algo para nosotros; cualquiera cuya aprobación signifique estar a salvo. Que nos amen, para que esa aprobación sea incondicional, y así poder, al fin, descansar.

Casi todo el mundo nos empuja a vivir buscando la aprobación afuera y no dentro de nosotros mismos. Para el mundo es cómodo que así sea, porque de ese modo manipulando el ambiente puede manipular a cualquiera.

Es molesto para el mundo que haya gente que no necesite la aprobación de los demás. Llamará irrespetuoso o rebelde a cualquiera que se atreva a cuestionar los actos de alguien que ha sido designado como superior. No importará que tenga razón, porque para ellos es el quebrar la estructura de aprobación algo más grave que equivocarse. Porque no saben qué hacer. Porque cuando se ha renunciado a ver la propia verdad durante tanto tiempo, es difícil volverla a distinguir, y sin esa guía es como andar ciego en el mundo que los rebeldes descubren cuando encienden la luz. Pierden el control. Así que tratan de apagarla, aunque esté dentro del corazón del rebelde. Para que todo siga oscuro, y puedan seguir viviendo como se aprobó que lo hicieran.

Así que, a pesar de que no lo pensemos conscientemente, estar con una mujer hermosa puede ser para buscar la aprobación a través de ella.

Entonces, si se logra estar con ella se espera que a partir de allí todo será mejor. Porque inconscientemente se ha hecho lo correcto, y se nos ha enseñado que cuando hacemos lo correcto todo estará bien.

Pero si no se logra estar con ella, o si se descubre alguna aún más hermosa, se la empieza a anhelar. Si es muy difícil alcanzarla, tal vez se auto desapruebe, ceda a la tentación y pague a alguien para que lo haga sentir mejor. Alguna lo suficientemente hermosa. Pero es como una espada de dos filos, porque aunque en secreto puede sentir que es aprobado, en público no vale nada, y se hunde más en la propia desaprobación. Comenzará a buscar más y más belleza, a coleccionar, y pensará que es natural que los hombres sientan del modo que él siente. Tampoco valorará las relaciones que otras parejas logren; porque si en alguna pareja ella no le parece tan bella, entonces su pareja será un fracasado; y si en alguna relación sí le parece bella, entonces la deseará para sí mismo.

Y por una razón tan simple como la necesidad de aprobación de los demás, se va tejiendo una vida llena de complicaciones e infelicidad, pensando que todos los demás sienten lo mismo que él. O que deberían si saben lo que es bueno. Sin preguntarse si es saludable esa manera de pensar.

Las mujeres también pueden buscar a un hombre por la misma razón. Y después de tenerlo descubrir que no le da la protección y el respeto que esperaba. Y anhela algo mejor. Tal vez podría seguir el camino que siguen los hombres, pero la necesidad de aprobación la conduce por otra ruta. Resalta en su pareja las cosas que esperaba de él pero no tiene. Desdén en lugar de amor. Hasta que nada queda. Entonces ella puede buscar a alguien más, lo suficientemente hermoso, o fuerte, o poderoso, que la acerque a la aprobación que necesita.

Somos como los conductores de nuestras vidas, pero si nos dejamos ir, nos llevarán.

Una persona puede conseguir un auto nuevo, bello, grande, pequeño, dañado, o viejo. Puede conducirlo bien o mal; por caminos oscuros o soleados. No importa lo que haga, la persona que lo conduce es la que cuenta. Si manejó mal, es cuestión de tiempo para hacerlo mejor. Si a alguien no le gustó su auto, eso no cambia lo que esa persona es.
Del mismo modo, más allá de lo que hayamos hecho, estamos nosotros mismos, nuestra autoestima, y es a ella a quien podemos buscar escuchar y complacer. Cuando buscamos complacernos en lo que hacemos, el viaje se hace más disfrutable.
Puede ser que a veces queramos la aprobación de los demás, pero deja de ser una necesidad. Lo que importa es la aprobación que nos damos a nosotros mismos.

Lo irónico es que, para que esa luz interna pueda ser apreciada por los demás, no tenemos que necesitar que lo hagan. Es como estar afuera para contemplar el fuego de tu lámpara; al hacerlo dejas de cuidarla como es debido y se apaga.

Vivir necesitando la aprobación de los demás es una ilusión. Es vivir postergando la propia aprobación hasta que el eco de su llamado parece haberse desvanecido. Es más saludable vivir para la propia aprobación, aún cuando parezca que todo el mundo no lo entiende.

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