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2012/12/08

El Propio Respeto

Estoy aprendiendo que para sentir el respeto de los demás hay que respetarnos a nosotros mismos.

Si nos respetamos a nosotros mismos, entonces también podemos apreciar respetar a los demás.

No podemos apreciar el respeto que se nos da, ni darlo sinceramente, si no nos respetamos a nosotros mismos.

Para respetarnos a nosotros mismos, nos apoyamos en nuestros padres, nuestra pareja, familiares o amigos. Pero si ellos no dan ese apoyo, se rompe la relación, tarde o temprano.

Porque el respeto es como el alimento social.

Mucha gente sale a buscarlo donde sea, y lo acepta donde lo encuentre. Y, como la comida, es más importante de lo que parece. De eso nos formamos. Es importante fijarnos dónde encontramos respeto y qué respeto aceptamos.

Pero cultivar el propio respeto es como cultivar un huerto propio donde siempre encuentras lo que necesitas.

2012/12/01

Recordando esa voz

Parece que nuestra mente tiene dos niveles.

Por un lado, el consciente. Con el que nos han enseñado a identificarnos. Usa memoria, lógica, palabras y números.

Por otro lado, el subconsciente. Al que nos han enseñado a dar poca importancia, o negar. Usa visiones, intuición y sentimientos.

A veces, cuando descansamos de un problema que no logramos resolver, nos sorprendemos que al relajarnos o al dejar de pensar en ello de pronto aparezca la respuesta, o una pista. Es el subconsciente.

En varios métodos de terapia, como chakras, reiki y biodescodificación, dicen que el subconsciente se comunica con nosotros a través de sentimientos. Si los ignoramos, desencadenan síntomas físicos, que pueden manifestarse en dolencias y enfermedades, o hacernos vulnerables a ellas. Para sanar, hay que escuchar el mensaje y aceptarlo.

Muchas veces, los mensajes del subconsciente no son aceptados porque confrontan las creencias y costumbres que hemos creado en el mundo consciente. Niños que reprimen la ira que sienten hacia sus padres, padres que reprimen la ira que sienten hacia su jefe o su trabajo, parejas que callan sus deseos, gente que ignora tanto las tormentas internas como hacer aquello que le da alegría a su corazón. Porque no es correcto socialmente, o moralmente, o útil.

Sin embargo, cuando dejamos de reprimirnos y logramos aceptar lo que realmente sentimos, vamos descubriendo quienes realmente somos y despertamos.

Es algo que voy aprendiendo.

Cuando aprendí a leer el tarot, lo hice porque quería entender cómo funcionaba aquello de lo que tanto se hablaba. Por qué le había interesado también a novelistas y hasta a científicos.

Aprendí la mecánica. Cada carta es un símbolo, y su posición también. Ambos se combinan y con un conjunto de cartas se obtienen mensajes.

Poco a poco aprendí a expresar con más fluidez los mensajes que veía. Poco a poco los iba distinguiendo mejor.

Al comienzo, esperaba encontrar mucho azar, porque barajaba las cartas y se elegían boca abajo. Y me sorprendió notar que había consistencia en las lecturas.

Algunos dicen que los mensajes provienen de alguna entidad que sabe más que uno. Y uno se imagina a esa entidad allá afuera.

Pero ahora me parece que en realidad está dentro de nosotros. Nuestro subconsciente.

El tarot, la lectura del humo del cigarro, de las hojas de coca, de las runas y los granos de arroz, y otras cosas aparentemente aleatorias, serían simplemente medios de anular nuestro consciente, entrando en un territorio donde podamos distinguir mejor los mensajes del subconsciente.

Con el animo dispuesto, también se podrían encontrar mensajes en cosas cotidianas aparentemente aleatorias. El vuelo de un pájaro, la dirección en que cae una hoja, las figuras que distinguimos en una roca, o en las nubes... incluso los mensajes reconfortantes que algunos encuentran en un versículo de la Biblia elegido al azar.

No es que en sí mismas estas cosas contengan el mensaje o la intención, del mismo modo que las letras del alfabeto no contienen un mensaje. Es la forma en que las leemos, la secuencia en que las disponemos, lo que les da significado. Y esa forma es dispuesta por nuestro subconsciente.

Incluso si existiera alguien allá afuera, conociendo las respuestas que nosotros no, es a través del subconsciente que podemos conocerlas también.

Cuando estamos ante algo aleatorio, puede servir como medio para que el subconsciente nos hable. Si notamos que un pájaro ha volado o una hoja ha caído, o cierta configuración en las cartas, es porque el subconsciente nos inspira a prestarles atención del modo que se requiere para entregarnos el mensaje.

Aceptando eso, las cosas que ocurren empiezan a ser vistas de otro modo. Hay alguien ahí, dentro de nosotros, cuyo lenguaje podemos aprender a escuchar... o recordar.


2012/10/22

Honrar la verdad

A veces, hacemos algo que sabemos no está bien mientras los demás dicen que sí y hasta te premian. Pero tú sabes la verdad.

A veces, hacemos algo que sabemos está bien mientras los demás dicen que no y hasta te castigan. Pero tú sabes la verdad.

Aunque sabemos la verdad, parece más fácil preferir lo primero.

Parece más fácil mentir cuando te dicen que no importa, que es inofensivo. Parece más fácil matar cuando te dicen que está justificado. Pero tu sabes que no es la verdad. No importa cuánto lo desees ni cuánto los demás lo aprueben, en tu corazón sabes que no es bueno.

Cuando uno ve que el sistema social presiona tanto para eliminar las diferencias con respecto a la opinión general, se puede preguntar con inquietud si es casualidad, o hay alguna intención detrás.

Ha sido la intolerancia a las diferencias lo que permitió a las corrientes totalitarias cometer los actos que después nos parecen tan atroces. Posiblemente no lo parecieron tanto cuando eran realizados y la sociedad aplaudía, o asentía, o callaba. Nadie decía nada en contra porque entonces no era tolerado.

Por eso es importante cultivar y fortalecer el respeto ante las diferencias. No somos iguales, no podemos hacer las mismas cosas, no pensamos igual, pero cada uno merece respeto.

Hacer lo que sientes que está bien. Decir lo que piensas que está bien. Sonrojarse. Cuestionar a tus padres. Responder a los mayores. Respetar su voz, pero también honrar el fuego que llevamos dentro. Estar bien con el dios que vive en nuestro corazón.

2012/09/16

Agradeciendo

Cuando agradeces, es por la existencia de algo. Es porque ese algo existe.

No es porque ese algo sea mejor que alguna alternativa.

Porque si agradeces de ese modo, comparando, desprecias el regalo.

Comparar el regalo con las alternativas distrae tu atención del presente que tienes frente a ti.

Es apreciando su existencia única que aceptamos el regalo y lo hacemos propio, y podemos crecer con él.

Por eso, cuando una tarea es concluida, no es saludable preguntarse por las cosas que no salieron bien, o qué cosas se pudieron hacer mejor (aunque nos eduquen para hacerlo así).

Porque no hace fácil ver lo que sí salió bien, para recibirlo, para poder construir a partir de eso un siguiente nivel.

Es más saludable preguntar qué salió bien y qué ideas hay para hacer a continuación.

Al dedicar nuestras energías a aquello que sí queremos, lo demás se irá quedando atrás, como consecuencia de esa selección.

Celebra aquello que quieres que abunde.

2012/09/15

Inexplicable

¿Es posible que exista algo que no puedas explicar?

Creo que cualquier persona respondería honestamente que por supuesto existen muchas cosas que no puede explicar. Puede conocer mucho de algo, pero no tanto de otra cosa.

Es natural que aceptemos que hay cosas que no podemos explicar.

Creo que los problemas empiezan cuando uno atribuye a alguien el poder responder 'no' a esa pregunta, y además trata de hablar en su nombre.

Lo hacen algunos científicos que hablan en nombre de una ciencia que atribuyen todo lo puede explicar.

Lo hacen algunos religiosos que hablan en nombre de algún dios que atribuyen todo lo puede explicar.

Cuando hablan, de pronto no hay nada que no puedan explicar.


La misma figura, el mismo patrón de conducta, ofuscando dos ámbitos distintos.

¿Por qué ocurre eso?

Es algo que no me puedo explicar.

2012/07/01

Nuevos tiempos


En los países más avanzados hubo un tiempo en que, desilusionada, la gente empezó a notar que no todo lo que les decían sus padres, sus gobernantes, o la misma ley, estaba necesariamente en lo correcto.

La gente adquirió más conciencia de si misma y del poder de elegir su propio camino, en lugar del que le dictaba la sociedad.

Trato igualitario para los negros -con respeto-, trato igualitario para las mujeres, mujeres trabajando fuera del hogar, no ir a la guerra, resistirse a las leyes que no se consideran justas, tratar de cambiarlas. Fueron cosas que fueron notorias a partir de los 60s.

El resto del mundo es influenciado por ese ejemplo.

Los cambios continúan. Antes, a la gente le contaban que si estudiaba como le decían, que si trabajaba como le decían, que si vivía como le decían, sería feliz. Y cuando la felicidad no llegaba, siempre se podía achacar a que no se habían esforzado lo suficiente, o a la mala suerte.

Pero eso sólo podría funcionar cuando le ocurre a unos pocos. Cuando la mayoría va notando que no puede alcanzar la felicidad prometida, empieza a dudar si es correcta la forma de vivir que la sociedad les plantea. Y la duda se hace mayor cuando ve claros ejemplos de gente que parece lograr esa felicidad alejándose de la pauta convencional y optando por seguir su propio camino. Artistas, deportistas, empresarios en computadoras e Internet. Gente descartada por el sistema educativo que triunfa en el arte. Gente que dejó la universidad para hacer sus sueños. Negocios que se construyen de un modo que se suponía no era posible.

Hay una especie de batalla cultural. Por un lado, libros, películas, testimonios de gente que muestra que hay cosas que necesitamos cambiar y nos inspiran a hacerlo. Y por otro, libros, películas, y quizás principalmente periodismo, tratando de convencernos que el status quo debe continuar.

Si uno escucha con atención, quizás pueda distinguir el mensaje que se propala en los medios. Pintan un paisaje lleno de crimen y caos en los que es necesaria la presencia de alguien mayor que nos cuide a todos. Tratan de convencernos de que es necesario un control más fuerte para encaminar las cosas.

Es una estrategia antigua que parece remontarse a las manipulaciones políticas por las que eran odiados los atenienses. Y aún más atrás.

Pero ahora, parece que el mensaje no cala tan bien como antes. Los periodistas se suelen sorprender al ver que la gente no confía ciegamente en los medios, como ocurría antes, como ellos desearían que fuera.

Internet es uno de los mayores ejemplos de que sin control no surge el caos, como decía el sistema, sino la auto organización descentralizada. Y que la auto organización descentralizada es más adaptable y eficaz que cualquier organización centralizada.

Profesionales y empresas innovadoras en el mundo van descubriendo que hay formas más felices y humanas de organizarse para producir lo que se necesita. Se van quebrando reglas tan arraigadas como el organigrama jerárquico, el horario fijo de trabajo, y la planificación absoluta. En su lugar, participación horizontal, libertad de organización, flexibilidad, respeto por lo que la gente puede lograr por sí misma.

Las cosas están cambiando tan rápido. Va siendo evidente que las formas tradicionales de hacer las cosas simplemente no pueden seguir el ritmo.

Por eso siento algo de tristeza cuando veo que en países en vías de desarrollo como el mío una ola de tradicionalismo trae mensajes que hace tiempo se han ido descartando e incluso invade la oferta educativa hacia los nuevos estudiantes.

Exigete al máximo. Sigue el camino del éxito. Son algunos de los mensajes con los que algunas universidades prometen algo que no pueden cumplir. Al menos no con la forma como están organizadas ahora. Hacerlo como ellas dicen simplemente no garantiza nada.


Muchos creen el mensaje, pero quizás no son tantos como antes. Si los estudiantes no se la creen, entonces apelan a los padres para que influyan en ellos. Pero quizás tampoco sean tanto como antes.


Parece como si la generación que tiene el timón no pudiera sentir la dirección de la ola que va llegando de costado.

Esta vez no basta con exigir que pongamos el motor a toda marcha o que hagamos ciegamente lo que dicen. Se requiere flexibilidad, adaptibilidad, descentralización. Pero esas cosas se cultivan con respeto, confianza y comunicación. Cosas que parecen olvidar ofrecer a la gente.

Está amaneciendo.

2012/06/23

Turing

Alan Turing fue un científico y matemático inglés, considerado padre de las ciencias de la computación.

El Test de Turing, que propuso para comprobar si una máquina era inteligente, consiste en sentar a un humano en una habitación cerrada y a alguien, humano o máquina, en otra, respondiendo a sus preguntas. Si el humano no puede distinguir la diferencia, entonces la máquina equivale a un humano.

Se dice que Turing creía que las máquinas tenían inteligencia. Me llama la atención esto cuando me imagino a una máquina de cómputo formada por cintas de papel corredizas, como me parece era la máquina de Turing.

¿Cómo podía una persona que comprendía como funcionaba la máquina pensar que tenía una inteligencia propia? Creo que es porque lo comprendía. Que nuestra forma de razonar puede verse como una secuencia de pasos. Que una secuencia de pasos puede verse como inteligente. Que hay una inteligencia implícita en la naturaleza que se manifiesta en las máquinas.

Parece que también notó que la naturaleza esta llena de secuencias de pasos.

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