A veces olvidamos
que el niño que ahora vemos
será el siguiente adulto.
Que las expectativas que le tengamos,
sean bajas o sean altas,
lo harán nada o lo harán todo.
Y que el mundo de mañana,
será peor o mejor por lo que le demos ahora,
cuando está en nuestras manos.
Cada golpe, cada caricia,
cada cuento, cada verdad,
todo importa al final.
Cada cosa que hacemos,
cada cosa que decimos,
tiene eco en su corazón.
Y serán las cosas que verás mañana,
las voces que oirás mañana,
cuando él sea el adulto.
Puedes hacer lo que sea,
puedes decir lo que sea,
usar tu libertad y tu poder.
Todo se ve, todo se escucha,
que sea lo mejor de tí,
porque de eso está hecho el mañana.
Buscar
2010/04/07
2010/04/06
La felicidad
La felicidad es como el agua
contenida en las cosas que nos rodean.
Nos gusta la felicidad.
La disfrutamos.
Algunos se limitan a esperar
a que caiga la lluvia.
Nunca caminan al río
ni salen a recoger frutas.
Creen que la única agua
es la que les cae del cielo.
Pero también hay agua,
aún, en nuestras propias lágrimas.
Algunos se rodean de pozos
para que nunca les falte.
Y mucho envejece o se evapora
antes de haberse probado.
Creen que la única forma
de tenerla es poseerla.
Pero también hay agua
en la corriente de un río.
Algunos pueden oir su canto al correr
y aspirar su perfume en el viento.
La encuentran tanto en un manantial
como en la lluvia.
Tanto en las frutas
como en las propias lágrimas.
La disfrutan porque dejan que fluya,
porque sólo puede volver lo que se va.
Porque la felicidad es como el agua.
contenida en las cosas que nos rodean.
Nos gusta la felicidad.
La disfrutamos.
Algunos se limitan a esperar
a que caiga la lluvia.
Nunca caminan al río
ni salen a recoger frutas.
Creen que la única agua
es la que les cae del cielo.
Pero también hay agua,
aún, en nuestras propias lágrimas.
Algunos se rodean de pozos
para que nunca les falte.
Y mucho envejece o se evapora
antes de haberse probado.
Creen que la única forma
de tenerla es poseerla.
Pero también hay agua
en la corriente de un río.
Algunos pueden oir su canto al correr
y aspirar su perfume en el viento.
La encuentran tanto en un manantial
como en la lluvia.
Tanto en las frutas
como en las propias lágrimas.
La disfrutan porque dejan que fluya,
porque sólo puede volver lo que se va.
Porque la felicidad es como el agua.
2010/03/29
Suerte
La suerte es
como una pieza de tetris
cayendo hacia nosotros;
lo que signifique al llegar
dependerá de
lo que hayamos hecho
hasta entonces.
Puede ser que encaje,
completando algo,
y obtengamos puntos.
Puede ser que no encaje,
y sea más difícil
la siguiente jugada.
Lo que cada hecho significa
cuando llega
depende de lo que hayamos hecho antes
y si estamos preparados.
La semilla crecerá
en el terreno que hayamos preparado.
Espinas entre las piedras,
treboles en la tierra húmeda.
La suerte es buena suerte
para quien está preparado,
para quién ha creado
un buen lugar para la semilla
de lo que anhela cultivar.
Piensa en lo que quieres,
qué necesitaría para crecer allí,
prepara la casa, confía,
haz lo mejor que esté a tu alcance
y, cuando sea el momento,
vendrá, y te encontrará listo.
Y será buena suerte.
como una pieza de tetris
cayendo hacia nosotros;
lo que signifique al llegar
dependerá de
lo que hayamos hecho
hasta entonces.
Puede ser que encaje,
completando algo,
y obtengamos puntos.
Puede ser que no encaje,
y sea más difícil
la siguiente jugada.
Lo que cada hecho significa
cuando llega
depende de lo que hayamos hecho antes
y si estamos preparados.
La semilla crecerá
en el terreno que hayamos preparado.
Espinas entre las piedras,
treboles en la tierra húmeda.
La suerte es buena suerte
para quien está preparado,
para quién ha creado
un buen lugar para la semilla
de lo que anhela cultivar.
Piensa en lo que quieres,
qué necesitaría para crecer allí,
prepara la casa, confía,
haz lo mejor que esté a tu alcance
y, cuando sea el momento,
vendrá, y te encontrará listo.
Y será buena suerte.
2010/03/18
El Hombre-Langosta
La langosta es un pequeño insecto solitario e inofensivo.
A veces, como cuando la comida escasea, se vuelve más gregaria y comienza a formar grupos con otras langostas.
Cuando el número de langostas alcanza cierto nivel y se hace frecuente el rozar accidental de sus patas traseras, aumenta su nivel de serotonina, y se empieza a producir un cambio físico. Su color se hace más oscuro, sus músculos se endurecen, se hace más grande.
Así, se vuelve una más de las millones de langostas del enjambre capaz de viajar miles de kilómetros devorando lo que encuentre a su paso.
Pero si las condiciones no se dieran, la solitaria langosta viviría y moriría tranquila, sin transtornar nada.
En libros como "El Zoo Humano", Desmond Morris observa el comportamiento humano desde una perspectiva amplia. Muchas especies empiezan a exhibir un comportamiento transtornado cuando la densidad de su población pasa de cierto número. Muchas personas por area, poca area por persona. Como los animales confinados en un zoológico, podemos empezar a exhibir stress, conducta repetitiva, violencia, etc.
Tal vez en las ciudades nos ocurre como a las langostas. Vivimos tan cerca unos de otros que, de alguna manera, realizamos el equivalente de frotar demasiado nuestras largas patas traseras. Y se inicia el cambio.
¿Será tan sólo un cambio psiquico, o se tratará de un cambio físico también?. Me pregunto si habrá rasgos que son el sello de los habitantes de las sociedades super gregarias, que se han ido perennizando por las eras de predominio de las ciudades.
Como langostas, somos capaces de extendernos por un amplio territorio, devorando lo que está a nuestro paso.
Pienso que las personas son buenas por naturaleza. Si no fuera así, no existirían los pueblos como los de las islas del Pacífico, con gente que vive en paz y feliz. Sociedades simples y pequeñas, con amplios espacios y recursos.
Son las circunstancias anormales las que favorecen los comportamientos anormales de individuos normales. Una persona puede nacer con el gen de la diabetes, pero no la contraerá si evita las circunstancias que la favorecen.
Hay tantos problemas artificiales, derivados del simple hecho que vivir tan gregariamente como lo hacemos en las ciudades socavan la respuesta pacífica natural.
Sin embargo, en tiempos recientes, por alguna razón, hay individuos que empiezan a disfrutar de espacios y recursos más amplios y son capaces de sentir que hay formas mejores de vivir en el mundo.
A un lado del enjambre, tal vez podamos volver a ser langostas solitarias e inofensivas.
Referencias:
A veces, como cuando la comida escasea, se vuelve más gregaria y comienza a formar grupos con otras langostas.
Cuando el número de langostas alcanza cierto nivel y se hace frecuente el rozar accidental de sus patas traseras, aumenta su nivel de serotonina, y se empieza a producir un cambio físico. Su color se hace más oscuro, sus músculos se endurecen, se hace más grande.
Así, se vuelve una más de las millones de langostas del enjambre capaz de viajar miles de kilómetros devorando lo que encuentre a su paso.
Pero si las condiciones no se dieran, la solitaria langosta viviría y moriría tranquila, sin transtornar nada.
En libros como "El Zoo Humano", Desmond Morris observa el comportamiento humano desde una perspectiva amplia. Muchas especies empiezan a exhibir un comportamiento transtornado cuando la densidad de su población pasa de cierto número. Muchas personas por area, poca area por persona. Como los animales confinados en un zoológico, podemos empezar a exhibir stress, conducta repetitiva, violencia, etc.
Tal vez en las ciudades nos ocurre como a las langostas. Vivimos tan cerca unos de otros que, de alguna manera, realizamos el equivalente de frotar demasiado nuestras largas patas traseras. Y se inicia el cambio.
¿Será tan sólo un cambio psiquico, o se tratará de un cambio físico también?. Me pregunto si habrá rasgos que son el sello de los habitantes de las sociedades super gregarias, que se han ido perennizando por las eras de predominio de las ciudades.
Como langostas, somos capaces de extendernos por un amplio territorio, devorando lo que está a nuestro paso.
Pienso que las personas son buenas por naturaleza. Si no fuera así, no existirían los pueblos como los de las islas del Pacífico, con gente que vive en paz y feliz. Sociedades simples y pequeñas, con amplios espacios y recursos.
Son las circunstancias anormales las que favorecen los comportamientos anormales de individuos normales. Una persona puede nacer con el gen de la diabetes, pero no la contraerá si evita las circunstancias que la favorecen.
Hay tantos problemas artificiales, derivados del simple hecho que vivir tan gregariamente como lo hacemos en las ciudades socavan la respuesta pacífica natural.
Sin embargo, en tiempos recientes, por alguna razón, hay individuos que empiezan a disfrutar de espacios y recursos más amplios y son capaces de sentir que hay formas mejores de vivir en el mundo.
A un lado del enjambre, tal vez podamos volver a ser langostas solitarias e inofensivas.
Referencias:
2010/03/12
En alas del miedo
El miedo es como el viento que sopla
sobre el desierto de arena
en el que estamos sentados.
Pasa levantando una nube fina
ante la cual debemos bajar la mirada
para no sentir dolor.
Para seguir viendo algo,
aunque sea hacia abajo.
Conforme el tiempo pasa
nos vamos acostumbrando,
hasta que un día es parte de tu vida.
Porque aprendes a vivir
bajo esa perpetua ventisca
y entre los fríos pliegues de su manto.
Aprendes a distinguir
el camino por el que te guía,
y a adivinar su voluntad.
Aprendes a soñar
bajo las estrellas que no te deja ver,
y a oir música en su voz.
Aprendes a desplegar tus velas
en la playa a donde te ha traído
y a dejar que te lleve otra vez a la mar.
Y sobre naves increíbles,
cuyos rieles se deslizan entre las dunas,
como entre olas de arena.
Y sobre largos brazos extendidos
que te despegan del suelo
hacia un cielo de libertad.
En alas del viento vamos,
de algún modo, hacia nuestro destino
si aceptamos la felicidad.
sobre el desierto de arena
en el que estamos sentados.
Pasa levantando una nube fina
ante la cual debemos bajar la mirada
para no sentir dolor.
Para seguir viendo algo,
aunque sea hacia abajo.
Conforme el tiempo pasa
nos vamos acostumbrando,
hasta que un día es parte de tu vida.
Porque aprendes a vivir
bajo esa perpetua ventisca
y entre los fríos pliegues de su manto.
Aprendes a distinguir
el camino por el que te guía,
y a adivinar su voluntad.
Aprendes a soñar
bajo las estrellas que no te deja ver,
y a oir música en su voz.
Aprendes a desplegar tus velas
en la playa a donde te ha traído
y a dejar que te lleve otra vez a la mar.
Y sobre naves increíbles,
cuyos rieles se deslizan entre las dunas,
como entre olas de arena.
Y sobre largos brazos extendidos
que te despegan del suelo
hacia un cielo de libertad.
En alas del viento vamos,
de algún modo, hacia nuestro destino
si aceptamos la felicidad.
2010/02/15
Vivir tus sueños
Algunos hemos pensado que podemos dejar nuestros sueños para más tarde.
Quizás porque nos convencemos de que es similar a cuando, de niños, dejamos las cosas que nos gusta hacer para después de terminar la tarea que debemos hacer.
Algunos logran postergar sus sueños indefinidamente.
Logran vivir ignorando su estrella para poder mirar en otra dirección.
Logran vivir ignorando el dolor para poder hacer lo que deben.
A veces, las luces de la fama, o el calor de la aprobación, lo hacen más llevadero.
Pero no siempre habrá ese consuelo.
Cuando todo está oscuro y no hay nadie más. Cuando no puedes mirar a otro lado ni huir a ninguna parte, es esa luz la que aún espera, y ese canto el aún te llama.
Son los ojos y la voz de quién aún mantiene su apuesta en tu existencia única.
Ignorar los sueños te adormece. Te lleva a pensar que hay cosas imposibles. Te empuja a una esquina donde te sientas seguro. Te esconde las alas como una marca de vergüenza.
Y, cuando tengas hijos, o alguien cercano a ti, con el valor de seguir sus sueños, no lo comprenderás, porque no sabes lo que se siente.
No entenderás a quienes navegan con las estrellas, planean en el viento, o siguen el compás de una música desconocida.
Es más fácil para quien tiene poco decidirse a dejarlo que para quien tiene mucho, pero son dos amos distintos, tus sueños y el mundo, a quienes no puedes servir al mismo tiempo.
Vivir tus sueños tal vez te deje vivir también en el mundo que aún existe, pero de un modo que no imaginas, ni entiendes, hasta que lo haces.
Es la existencia gris de una vida de sueños postergados lo que hace el frío que sientes cada lunes, al tener que ir al trabajo. La que hace que sea fácil renunciar a tus opiniones frente a las de tu jefe, o tu cliente. La que hace que sea normal hacer sólo tu trabajo, cumplido en una escala aceptable. Y, a veces, ni eso.
Es un mundo infeliz aquel en el que todos han aceptado vivir renunciando a su verdadera libertad.
El mundo nuevo es el que está surgiendo con gente que honra sus sueños. Aparecen en cualquier lugar, a tu lado, en tu familia, de pronto, llegando en silencio, sin que lo esperes, siguiendo sus sueños como si no hubiera alternativa.
La alternativa que te llevó a este mundo que se queda atrás.
Si quieres venir, no puedes engañarte. En lo oscuro, mira dentro de ti mismo. En el silencio, escúchate. Aprende a caminar otra vez, ahora bajo tu estrella; a bailar otra vez, ahora con tu música; a ser lo que sientes que eres en verdad.
Quizás porque nos convencemos de que es similar a cuando, de niños, dejamos las cosas que nos gusta hacer para después de terminar la tarea que debemos hacer.
Algunos logran postergar sus sueños indefinidamente.
Logran vivir ignorando su estrella para poder mirar en otra dirección.
Logran vivir ignorando el dolor para poder hacer lo que deben.
A veces, las luces de la fama, o el calor de la aprobación, lo hacen más llevadero.
Pero no siempre habrá ese consuelo.
Cuando todo está oscuro y no hay nadie más. Cuando no puedes mirar a otro lado ni huir a ninguna parte, es esa luz la que aún espera, y ese canto el aún te llama.
Son los ojos y la voz de quién aún mantiene su apuesta en tu existencia única.
Ignorar los sueños te adormece. Te lleva a pensar que hay cosas imposibles. Te empuja a una esquina donde te sientas seguro. Te esconde las alas como una marca de vergüenza.
Y, cuando tengas hijos, o alguien cercano a ti, con el valor de seguir sus sueños, no lo comprenderás, porque no sabes lo que se siente.
No entenderás a quienes navegan con las estrellas, planean en el viento, o siguen el compás de una música desconocida.
Es más fácil para quien tiene poco decidirse a dejarlo que para quien tiene mucho, pero son dos amos distintos, tus sueños y el mundo, a quienes no puedes servir al mismo tiempo.
Vivir tus sueños tal vez te deje vivir también en el mundo que aún existe, pero de un modo que no imaginas, ni entiendes, hasta que lo haces.
Es la existencia gris de una vida de sueños postergados lo que hace el frío que sientes cada lunes, al tener que ir al trabajo. La que hace que sea fácil renunciar a tus opiniones frente a las de tu jefe, o tu cliente. La que hace que sea normal hacer sólo tu trabajo, cumplido en una escala aceptable. Y, a veces, ni eso.
Es un mundo infeliz aquel en el que todos han aceptado vivir renunciando a su verdadera libertad.
El mundo nuevo es el que está surgiendo con gente que honra sus sueños. Aparecen en cualquier lugar, a tu lado, en tu familia, de pronto, llegando en silencio, sin que lo esperes, siguiendo sus sueños como si no hubiera alternativa.
La alternativa que te llevó a este mundo que se queda atrás.
Si quieres venir, no puedes engañarte. En lo oscuro, mira dentro de ti mismo. En el silencio, escúchate. Aprende a caminar otra vez, ahora bajo tu estrella; a bailar otra vez, ahora con tu música; a ser lo que sientes que eres en verdad.
2010/02/06
Los propios sueños
Ahora no tengo hijos. Habrá un futuro con ellos. Pero contemplo los hijos de los demás. La forma en que son criados. Me contemplo a mí mismo. La forma en que pienso.
Creo que alguna vez mi padre pensó, o sintió, algo que sus padres no entendían. También mi madre. Y yo. Espero poder recordar eso. Que cada hijo tiene el derecho de tener su propia existencia, sus propias ideas y sus propios sentimientos.
Creo que todos tenemos sueños. Algunas personas se casan, tienen hijos, y piensan que renuncian a sus sueños, pero en realidad no lo hacen, sino que se los pasan a ellos. Los sueños de los padres buscan sobrevivir. Así que, conscientemente o inconscientemente, proyectan sus sueños en el futuro de sus hijos; buscando que tengan la oportunidad de elegir el camino que ellos soñaron alguna vez recorrer.
Pero los sueños de los hijos también buscan sobrevivir. Y, conscientemente o inconscientemente, se resisten a simplemente aceptar lo que sus padres les designan. Porque hay designios que se tejen sin preguntar qué piensas o qué sientes.
Algunos, con el tiempo, resisten menos, aceptan, olvidan algunos sueños propios. Algunos hijos terminan viviendo algunos de los sueños de sus padres, sin disfrutarlos. Algunos padres olvidan otra vez sus sueños.
Pero otros persisten en un futuro propio. Hijos que lo hacen aún a costa de alejarse de las raíces del árbol cuya sombra podría cobijarlo. Padres que renuncian a intentar vivir a través de los hijos. Gente que honra sus sueños.
Hay semillas que vuelan lejos, a lugares que ni imaginamos. Hay sueños que no podemos comprender, sólo respetar.
Creo que alguna vez mi padre pensó, o sintió, algo que sus padres no entendían. También mi madre. Y yo. Espero poder recordar eso. Que cada hijo tiene el derecho de tener su propia existencia, sus propias ideas y sus propios sentimientos.
Creo que todos tenemos sueños. Algunas personas se casan, tienen hijos, y piensan que renuncian a sus sueños, pero en realidad no lo hacen, sino que se los pasan a ellos. Los sueños de los padres buscan sobrevivir. Así que, conscientemente o inconscientemente, proyectan sus sueños en el futuro de sus hijos; buscando que tengan la oportunidad de elegir el camino que ellos soñaron alguna vez recorrer.
Pero los sueños de los hijos también buscan sobrevivir. Y, conscientemente o inconscientemente, se resisten a simplemente aceptar lo que sus padres les designan. Porque hay designios que se tejen sin preguntar qué piensas o qué sientes.
Algunos, con el tiempo, resisten menos, aceptan, olvidan algunos sueños propios. Algunos hijos terminan viviendo algunos de los sueños de sus padres, sin disfrutarlos. Algunos padres olvidan otra vez sus sueños.
Pero otros persisten en un futuro propio. Hijos que lo hacen aún a costa de alejarse de las raíces del árbol cuya sombra podría cobijarlo. Padres que renuncian a intentar vivir a través de los hijos. Gente que honra sus sueños.
Hay semillas que vuelan lejos, a lugares que ni imaginamos. Hay sueños que no podemos comprender, sólo respetar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







