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2011/08/24

Eres lo que crees

No te preocupes
si el estanque tiembla,
si sus aguas se rasgan
y la imagen es rota
en millares de gotas;
no era esa la Luna,
sino su reflejo.

Cuando somos pequeños
y se nos dice que no somos nada,
aprendemos imitando,
interiorizando
los ejemplos y modelos
que percibimos afuera.

Copias a tus padres,
aún con sus imperfecciones,
aún notando sus errores,
aún sin quererlo.

Haces los que ellos hicieron,
aún con sus imperfecciones,
aún notando tus errores,
aún sin quererlo.

Quizás en un intento
de redimirlos.
Quizás la secreta esperanza
de que fueran perfectos,
de que no se equivocaron.
Aún sin quererlo.

Hasta que descubres
que no es que estén errados ellos
sino el modelo
que ellos mismos copiaron
de alguien más,
aún sin quererlo.

En cambio...

Cuando somos pequeños
y se nos dice que somos alguien,
aprendemos escuchando,
exteriorizando
la sabiduría y el valor
que todos llevamos dentro.

Tener valor para dar libertad,
aprender a tener valor,
escuchar para aprender,
porque lo sabemos,
porque lo podemos,
porque somos
lo que creemos.

2011/08/21

Las grietas de la ciencia

Cuestión política
Cuando el catolicismo cobró fuerza, las razones de muchas creencias existentes fueron suplantadas por razones católicas. Muchos rituales continúan existiendo hoy, con una falsa base de catolicismo. Las procesiones, ahora de santos, eran rituales que antes se hacían con dioses de otras religiones. La misma Navidad, suplanta lo que antes era la conmemoración del renacimiento del sol (en el solsticio del invierno boreal).

El catolicismo negaba sistemáticamente las creencias de otras religiones en un afán de prevalecer sobre ellas.

La ciencia ha usado un patrón similar con respecto a la intuición. Ha elaborado una forma de entender el universo que niega sistemáticamente la existencia de cualquier otro tipo de explicaciones que no sean las sostenidas por el método científico. El método científico convertido en dogma. Como si la cuerda pensada para liberarnos fuera usada ahora para someternos.

Tal vez sea injusto decir que el catolicismo por sí mismo, o la ciencia, tengan ese comportamiento. Más bien, parece que ocurre cuando se juntan con la política, con el interés de gobernar a la gente. De controlarla, de someterla.

Cambiando el pensamiento
Hay cosas que hoy damos por sentado pero no fueron así siempre. Antes, la gente no tenía tanta conciencia de su capacidad de libre albedrío. Era casi inimaginable cuestionar la voluntad de alguien de mayor jerarquía, como un hermano mayor, un esposo, un padre, un rey, o un sacerdote. Muchos de los diálogos que se muestran en novelas o películas históricas modernas simplemente no hubieran sido posibles. En esa época serían demasiado descarados o disparatados. Requieren de conceptos que no fueron desarrollados sino hasta siglos más adelante.

También la ley de causa y efecto, en el sentido científico, es algo nuevo. La idea de que la ocurrencia de un suceso A pueda provocar la ocurrencia de un suceso B, siempre, fue algo difícil de digerir en los primeros tiempos del método científico. Porque, ¿donde quedaba Dios en el esquema? Hasta entonces, Él siempre hacía que funcionara cada cosa.

Luego, si podía sacarse a Dios del esquema de causa y efecto, entonces cada suceso en el universo podía ser explicado por una causa previa, y esta causa por otra anterior, y así sucesivamente hasta la causa primera. Dios sería necesario sólo para explicar el inicio y la intención, pero podía excluirse de todo lo demás.

Cubriendo las grietas
Aunque el nuevo modelo establecía que cada cosa tiene una causa, luego se inventó el concepto matemático de azar, que permite especular sobre cosas cuya causa se desconoce. Cuando un dado rueda, hay un conjunto de circunstancias, unas más sutiles que otras, que determina qué número aparecerá. Pero, cuando la ciencia habla de un dado lanzado al azar, lo que dice, básicamente, es que no considerará ninguna de esas causas.

Conforme los instrumentos de medición se perfeccionaron, se fue haciendo evidente que no siempre A provocaba exactamente B. Algunas veces ocurre B más un poco más. Otras veces ocurre B y un poco menos. Lo que antes se explicaba por una voluntad divina, pasó a ser adjudicado al azar. El azar se convirtió en la masilla para rellenar las grietas que se fueran distinguiendo en el modelo.

Pero, si reflexiona sobre ello, el decir que una discrepancia es por azar es simplemente una forma velada de decir que no se conoce la causa de esa diferencia. Decir 'hay azar' no explica nada en realidad. Pero muestra una resistencia a admitir cualquier presencia no-científica en el cuadro.

Y, sin embargo, ...
El estudio de los fenómenos aleatorios (o al azar) ayuda a describir cómo serían las cosas en un ambiente sin explicaciones. Algunas veces esas descripciones calzan con lo que se observa en el mundo. Pero otras veces hay un sesgo notable. Por ejemplo, la toma de pruebas de adivinación hecha a individuos tomados al azar, durante un largo periodo de tiempo, muestra un sesgo hacia la posibilidad de que podemos acertar más veces de las que fallamos. Por un motivo inexplicable. También está el caso interesante de generadores aleatorios digitales dispuestos alrededor del mundo, que muestran que ocurren distorsiones en la uniformidad aleatoria cuando ocurren eventos que afectan a mucha gente. Es decir, como si la conciencia de mucha gente fuera realmente capaz de influir en el número que muestra un dado.

Muchos suponen que arrojar un dado o distribuir las cartas de una baraja son sucesos al azar, quizás porque se suelen decir eso en los estudios sobre probabilidad y estadística, pero si, por ejemplo, hace la prueba de hacer lecturas de tarot, posiblemente note que se forman patrones que tienen relación con las personas involucradas, lo que no se esperaría en un suceso al azar.

Es que, en realidad, el azar no existe. No es cierto que haya sucesos sin causa. Como tampoco es cierto que la ciencia no tenga espacios que necesiten ser cubiertos.

Algunas alternativas
La práctica de filosofías alternativas, particularmente las orientales (acupuntura, chacras, aura, etc) nos permite encontrar modos de llenar esos espacios que la ciencia no ha podido cubrir y, en ocasiones, incluso de reemplazar por otro el modelo de pensamiento usado para comprender el universo.

Por ejemplo, se dice que cada suceso que ocurre es por una intención previa entre sus participantes. El mismo acto de existir, nacer y vivir. Es para experimentar un conjunto de circunstancias que nos den la oportunidad de comprender cierto tema. Una vez alcanzada esa comprensión, una emoción es el mensaje que inicia la secuencia de eventos que conduce a una salida del escenario de esa vida.

Una enfermedad manifiesta un conjunto de síntomas. Pero la enfermedad tiene un origen en una emoción, que da el mensaje inicial. Una pena provoca un desequilibrio que se manifiesta en una enfermedad.

Cuando una manzana cae del árbol, se envía un mensaje al universo que inicia la secuencia de eventos que hace que la manzana continúe hacia su destino, deteriorándose y volviendo a la tierra.

Mensajes similares son capaces de enviar las personas, llamando a los microbios para que deterioren cierto órgano.

La ciencia no puede explicar por qué aparece un cáncer, o por qué a veces se va. Pero la explicación alternativa sí. Se trata de un mensaje de culpa, que si se cambia revierte el proceso.

Y resulta que funciona.

Muchas de estas explicaciones alternativas a la ciencia requieren de cierta disposición a la intuición y a sentidos que suelen ser negados por la educación que el método científico suele imponernos.

Pero funcionan. Así que las tomo en cuenta y trato de aprender de ellas.

2011/08/18

Más allá de la ciencia

Quienes descubrieron los microbios soportaron el mismo tipo de desdén y burlas que muchos hacen sobre temas no-oficialmente-aceptados, como las experiencias psíquicas, los fenómenos paranormales y los avistamientos de ovnis.

Me apena mucho que, incluso entre divulgadores y científicos respetados, se note a veces ese mirar por sobre el hombro a las posturas que ellos no consideran dentro de la corriente científica.

Por eso es bueno recordar que antes la microbiología tampoco era parte de la ciencia. Ni la teoría atómica. Y tuvieron que morir las generaciones de tercos guardianes del orden establecido para que los aportes de las nuevas mentes fueran considerados.

Asistí a un seminario del Dr. Harold Moskovitz, un experimentador de técnicas de manipulación del aura. Él expone una manera diferente de comprender el universo, y desde una postura tan confiada, que me inspira a considerar de otra manera lo que creo saber.

Quizás si no hubiera pasado por ciertas reflexiones desde hace algunos años mucho de lo que contaba me hubiera sido menos natural de oír, asimilar y comprender. Pero compartía varias de las cosas que él iba diciendo.

Sin embargo, pronto todo fue envuelto por un modelo que, aunque puede parecer extremo de primera impresión, tiene ese algo de simplicidad y elegancia que se suele notar en las cosas que son verdaderas.

¿Qué tal si somos Dios? ¿Qué tal todos somos uno y si cada uno es como ese uno? Cuando hace algunos años me topé con esa idea, esa noche, sentí como si el universo se hubiera vuelto diferente. Reflexionando sobre ello, el espacio se vuelve una forma de tiempo, donde cada cosa es uno, pero en otro tiempo. Reflexionando sobre ello, quizás seamos como los fractales, donde cada parte es semejante al total.

El Dr. Harold dice que somos Dios, cada uno, pero que hemos sido programados para auto limitarnos, para olvidarlo, para no respetar nuestro libre albedrío ni el de los demás. Es como si forjáramos contínuamente la cadena que nos mantiene como esclavos a todos.

Nuestra divinidad se haya encarnada en un cuerpo que nos sirve de vehículo y responde a nuestras emociones. Vinimos voluntariamente, en consenso con el universo. Las restricciones en nuestro libre albedrío pueden inspirarnos emociones que actúan como mensajes contraproducentes para nuestro cuerpo.

Por ejemplo, cuando una madre pasa reiteradamente sobre la voluntad de su hijo, la emoción resultante es la de ser negado, y el resultado es que el cuerpo entienda que no tiene valor, y siga el camino a deteriorarse y enfermarse.

Cada enfermedad sigue un patrón inicialmente determinado por el tipo de emoción. Cuatro tipos de emoción: tristeza, miedo, ira y culpa, actuando reiteradamente sobre siete zonas del cuerpo, denominadas chacras, determinan la causa real de las enfermedades.

Un microbio por sí mismo no causa la enfermedad, sino que acude por petición de un cuerpo dispuesto a dejarse corromper, porque ese mensaje ha recibido a través del aura que lo envuelve, debido a que se sintió cierta emoción, que empezó con una imagen. La manzana no se pudre porque sí, sino porque se le ha comunicado que ha caído del árbol y ella llama a las bacterias y la madre naturaleza para que la ayuden a continuar con su destino. Voluntariamente elegido, porque también una manzana es como dios.

Una epidemia se propaga por contagio emocional. Un cuerpo que no ha solicitado ser enfermado, simplemente seguiría sano.

Eso me hizo recordar lo extraño que parece la resistencia de algunos que cuidan a otros. Doctores, enfermeras, monjes, monjas, misioneros y padres, que portan los microbios pero no manifiestan los síntomas, porque no pueden darse el lujo de enfermarse. Suele pasar que dejan de sentir que son útiles y, de pronto, se derrumban y enferman como los demás. Sabemos como lo explica la ciencia, pero me resulta muy interesante esta otra forma de entender la misma cuestión.

Los accidentes no existen. Cada acto fortuito ha sido, de alguna manera, convocado por los participantes. Quizás de modo subconsciente, por su parte divina. Quizás para que suceda algo que alguien necesita para aprender. Quizás para que se vaya alguien que ya aprendió lo que necesitaba.

No hay bueno ni malo, simplemente hechos. Que somos capaces de procesar en un nivel mental, afectando su proyección en el nivel emocional y en el físico. Al principio puede resultar un poco extraño creer que imaginar estar curando contribuya realmente a curar, pero poco a poco uno puede rendirse a la evidencia.

El Dr. Harold tiene además ciertas habilidades que le permiten hablar con confianza de cosas que quizás la mayoría no ve. Como el aura, las imágenes mentales, el lenguaje psíquico. Habilidades que todos tenemos, y podemos recordar, eventualmente.

Me resultaba un poco difícil comprender cómo podía ver imágenes en el aura de la gente. Pero, si lo pensamos un poco, un analfabeto podría preguntarse algo similar al verlo leer un libro. Cómo es posible que vea imágenes en esas manchas de tinta salpicadas sobre una hoja en blanco. Quizás algo similar ocurre cuando se ve más allá de lo evidente.

Recordaba el Dr. Harol cuando Newton proponía un universo similar a un reloj, y el tiempo mostró que era algo más y el modelo se tuvo que ampliar. O cuando Pasteur proponía que los microbios eran todos malos y el ideal del cuerpo humano es estirilizarlo de ellos, y el tiempo muestra ahora que contenemos un ecosistema interno y cada microbio tiene su razón de existir. La forma de pensar, a la Newton, a la Pasteur, ha sido la que ha dominado la industria y la sociedad durante los últimos siglos y ha mostrado que no puede más. Ni nosotros con ellos. No es sostenible. Ya no es razonable. Porque está incompleto.

Alguien habituado al pensamiento científico, quizás se mueva con cierta dificultad por el inicio de este camino, aún cuando tenga la voluntad de hacerlo. Poco a poco hay que ir relajándose, desapegándose y liberando la intuición. Poco a poco, despertando.

2011/08/10

La prueba verdadera

En estos días he estado revisando algunas preguntas que se suelen hacer cuando buscan seleccionar un programador.

Hay preguntas de cultura general y también ejercicios prácticos de dificultad creciente.

Por alguna razón, viene a mi mente una historia que cuenta de un grupo de gente que se va abriendo paso a través de la vegetación, con mucha habilidad en su manejo de hachas, machetes y demás herramientas. Hasta que uno de ellos, se separa un poco del grupo para escalar una de las palmeras y, desde esa posición, se da cuenta de la situación y grita 'selva equivocada'.

Y eso ocurre más a menudo de lo que pensamos. Mucha gente suele dar por sentado que 'el esfuerzo es el camino al éxito'. Díganselo a la gente que se esforzaba abriéndose camino en esa selva equivocada. También es importante la ruta correcta.

Hay gente muy inteligente y talentosa que elabora metodologías sofisticadas para evaluar postulantes y elegir a los mejores. Hay gente muy inteligente y talentosa que piensa que el ahínco de esos especialistas les garantizará contar con el mejor personal posible. Quizás se pueda gritar 'selva equivocada'.

Es un mito pensar que elegir lo mejor de lo mejor asegurará conseguir lo que se desea. Cuando se trata de trabajo en equipo, uno más uno no siempre da dos. Con sinergía puede dar mucho más. Pero no es raro que se obtenga mucho menos.

Si recuerda un poco de su clase de vectores, aquellas flechas con magnitud y dirección, entenderá que tener los vectores más grandes no asegura los mayores resultados. Tienen que estar alineados de la mejor manera posible. Es similar con la gente y otros recursos.

Hay organizaciones que integralmente pueden estar mal, aún cuando cada departamento componente puede arrojar buenos números aisladamente.

Hay personas enfermas, aún cuando cada análisis localizado arroje un resultado negativo.

Es mejor ver el cuadro completo. Subir a la palmera y tratar de distinguir cuál es la selva correcta.

Puede ser interesante hacer un seguimiento a los postulantes que obtienen los primeros puestos en los concursos de admisión a las universidades. Ciertamente, algunos de ellos logran carreras muy notables y vidas exitosas. Pero también es cierto que la mayor parte no. Y que hay muchas personas con carreras igualmente notables y exitosas que no tuvieron tan buenas calificaciones en esos exámenes.

Podríamos preguntarnos qué miden esos exámenes. Y estaría bien. Un programador llega a comprender que son las pruebas que uno diseña para el programa las que determinan lo que el programa es. Pruebas incompletas, programa incompleto. Buenas pruebas, buen programa. Los hechos son evidencia de que las pruebas de admisión no están filtrando lo que dicen a todo el mundo que filtran.

Imagine que usara pruebas olímpicas para conseguir los mejores profesores de educación física. Más rápido, más fuerte, más alto. Después de exigentes, y probablemente emocionantes, competencias, tendría a lo mejor de lo mejor pero, ¿alguna prueba midió pedagogía?.

Excelentes herramientas, excelente esfuerzo, excelentes personas. Pero, selva equivocada.

Una ilusión similar pasa con las competiciones para ingresar a la universidad o a trabajar en alguna empresa prestigiosa. Son interesantes los rompecabezas, la velocidad, etc pero... ¿están seguros que tener esas cosas son necesarias para el buen inicio que están buscando?

Hay cosas como la constancia, la perseverancia, la paciencia, la prudencia, la reflexión, la empatía, el valor, la tolerancia, que pueden ser más influyentes en el éxito personal pero que no se ven representadas en las pruebas. Son cosas que no se pueden evaluar bien al iniciar el viaje, sino en el viaje mismo.

Más útil podría ser un modo en que cualquiera pudiera iniciar cualquier viaje por cualquier ruta que quisiera, y pudiera cambiar de una ruta a otra según las circunstancias le fueran aclarando sus mejores aptitudes. Una forma en que las pruebas verdaderas, las que da el mismo camino, vayan determinando quienes lo recorren. Y donde haya caminos para todos.

En el modelo tradicional de selección, la gente que no pasa el examen es dejada de lado. Eso no está bien, porque es un mito que haya gente menos capaz que otra. Se trata, simplemente, de vectores que tienen una componente menor en cierta dirección, pero que podrían tener una mayor en otra. Y es esa otra dirección la que hay que ayudar a buscar.

Recuerdo un corto de Disney, en el que se narraba la historia de un oficinista amargado que ocupa por accidente el puesto de un bombero, y feliz de hacerlo. A su vez, el bombero amargado que por accidente ocupa el puesto de otra persona, y feliz de hacerlo. Y así sucesivamente, hasta que uno de ellos cierra el círculo ocupando accidentalmente el puesto del oficinista, y feliz de hacerlo. La moraleja era que hay un lugar feliz para cada persona en el mundo, si tan solo nos atreviéramos a cambiar de puesto.

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