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2011/05/06

La imagen de las virtudes

Las personas solemos ser bastante visuales. Parece ser algo biológico. Por eso el cuidado en la ropa que llevas o como te ves. Por eso la estética de los anuncios. Porque respondemos automáticamente a señales visuales.

Algunas veces, sin proponérnoslo, reaccionamos ante una persona por la señal visual que nos da su fenotipo.

Se suele decir racista pero, en realidad, no es por tanto por la raza, sino por el rechazo o la simpatía a aquello que ha llegado a representar para nosotros.

Si se difunde la idea de un fenotipo asociado a virtudes, entonces inspirarán simpatías hacia las personas que lo tengan.

Si se difunde la idea de un fenotipo asociado a cosas que no nos agradan, que no aprobamos, que no deseamos cerca nuestro, entonces nos sería más difícil aceptar a las personas que lo tengan.

Podemos decir que son los demás quienes difunden esas ideas. Pero también nosotros lo hacemos con el modo en que hacemos las cosas.

Podemos hacer cosas para mejorar una imagen. Pero quizás ayuda más que cultivemos virtudes y respeto.

Cuando traten con nosotros, lo que hemos hecho será lo que representemos, lo que inspiremos.

Somos sólo una de todas las personas con quienes compartimos un fenotipo, pero podemos hacer lo mejor que está a nuestro alcance.

2011/05/03

Reglas favorables

Mientras algunos negocios y leyes parecen prosperar y ser apoyados por casi todos, hay también negocios y leyes que encuentran resistencia por parte del público.

Estos últimos no consideran que estén haciendo algo diferente que los primeros, y por eso se quejan de ser víctimas frecuentes de las trampas de sus usuarios, o de que no los respetan.

Suelen culpar a la gente, o parte de ella. Según lo ven, siempre hay gente mala que busca hacer trampa, que nunca tiene respeto por las instituciones formales o por las leyes. Se empeñan en combatirlas y, en esa lucha siempre infructuosa, crean en el mundo un ambiente poco saludable.

Sin embargo, en realidad sí hay una diferencia entre los primeros, respetados y apoyados por la gente, y los últimos, a los que no. Los primeros resuelven algo o hacen más fácil algo. Los segundos complican algo o lo vuelven más difícil. Y la gente, naturalmente, apoyará aquello que le favorece.

Si la gente nota que un negocio no les favorece, buscará alternativas. Si hay libre competencia, alguien dará con alguna alternativa mejor. Pero si la gente no tiene otra opción, usará los medios a su alcance para volver la situación mas favorable. Incluso hacer trampa.

Viéndolo fríamente, hacer trampa es simplemente salirse de las reglas establecidas. No es, en sí mismo, algo que pueda decirse bueno o malo, sino que depende de si las reglas establecidas son buenas o no. Si hay que forzar a la gente para que cumpla las reglas, eso es un indicio de que algo no está bien diseñado, que no son las mejores opciones las que están representadas en las reglas.

La gente tiende de modo natural a burlar las reglas que les resulten imposibles de cumplir, o que resulten en una alternativa que no sea la más favorable.

Por eso, es altamente recomendable promover mecanismos para que negocios y leyes puedan evolucionar libremente hacia alternativas que sean las más favorables para la gente.

Hay culturas que instruyen a sus miembros en la obediencia ciega a las reglas, considerándola una especie de virtud. Aunque pueda parecer algo muy conveniente durante un tiempo, a largo plazo puede presentar problemas, cuando la estructura que forman las reglas no puede seguirle el paso a los requerimientos de la gente en su búsqueda de felicidad. Eso divide a la gente entre aquellos que persisten en seguir las reglas establecidas y aquellos que necesitan de otras mejores.

Formular reglas desde arriba, de manera centralizada, no funciona tan bien como formular reglas de manera descentralizada, delegando a la gente elaborar las reglas que realmente les sean favorables, en las circunstancias que ellos conocen mejor. Por eso una democracia descentralizada suele ser más efectiva que las monarquías, las dictaduras, o las democracias centralizadas.

Hace mucho tiempo, el conocimiento era guardado en manuscritos y era caro y difícil de conseguir. Libros sagrados custodiados en castillos y monasterios.

Cuando apareció la imprenta, tuvo el apoyo de la gente porque le facilitaba el acceso al conocimiento.

La iglesia y los gobiernos trataban de controlar esto creando normas que actuaban como frenos y creaban situaciones desfavorables para la gente. El resultado fue la proliferación de imprentas y movimientos clandestinos para difundir el material impreso.

El malestar que la gente sufría en esa búsqueda de algo más favorable favoreció a una actitud más crítica hacia el rol de la iglesia y el gobierno en sus vidas. De modo similar a cuando los hijos cuestionan a los padres cuyas ordenes son sentidas como injustas o no factibles.

Con el tiempo, la actividad editorial se amplió y la gente apoyaba ese esquema porque era una alternativa favorable para acceder a información y conocimiento.

Cuando el avance tecnológico dio a la gente alternativas para hacer lo mismo, o algo similar, a menor costo, las editoriales usaron el sistema legal para obligarla o continuar eligiéndola sobre alternativas más favorables.

De ese modo, la industria editorial, y otras similares, como la discográfica, se convierten en algo que ya no resulta favorable para la gente.

Por eso proliferan las alternativas que se salen de las reglas que éstas buscan imponer. La gente requiere de nuevas reglas, que la favorezcan por encima de los intereses industriales.

El respeto a las leyes es algo deseable. Mucha gente se apresura en afirmar que las copias ilegales son algo malo, sin ver la responsabilidad de la industria y el gobierno, al mantener reglas que van contra la tendencia natural de la gente de buscar alternativas favorables.

Esas reglas desfavorables, sin embargo, como la represión que se aplicó antes a la imprenta, contribuyen a que la gente desarrolle un espíritu más crítico sobre el rol de estas instituciones en sus vidas.

Aprender a fallar, para aprender

Algo pasa en los ambientes inciertos.

Se puede observar que las personas tienden a ocultar sus debilidades.

Si alguien no sabe algo, o se equivoca, tiende a ocultarlo. Quizás enfatizando alguna cosa que sí sabe, o que haya hecho bien, para que miren a otro lado. Quizás enfatizando la forma en lugar del contenido vacío. Quizás inventando algo o culpando a alguien más.

Cuando no está claro el castigo, la gente se imagina lo peor y tiende a actuar de ese modo. Evitará los riesgos e irá sobre seguro. Si le parece más seguro ocultar, disfrazar o mentir, lo hará.

Los niños imaginan y sueñan con más facilidad que los adultos. Aún no han sido golpeados tantas veces que teman arriesgarse a fallar. Pero, con el tiempo, el temor a evitar ser golpeado se vuelve un hábito. Luego bastará con percibir la amenaza para que actuemos con el comportamiento adecuado. Bastará con ver la vara para que nos inclinemos.

Sin embargo, resulta que es fallar es necesario para aprender.

En un ambiente incierto se nos obliga a avanzar cargando una armadura.

En un ambiento seguro, en cambio, la gente sabe que puede equivocarse, que aunque falle estará a salvo.

Entonces, muestra con sinceridad cuando no sabe algo.

En un ambiente seguro la gente va más ligera, levanta el rostro, se atreve a volar.

Es como la diferencia entre jugar sobre el asfalto o jugar sobre la arena. Por eso es más fácil aprender a montar bicicleta en la playa, o a dar volatines. No hay raspones ni golpes demasiado fuertes que te impidan intentarlo una y otra vez.

Felicidad y ser felíz

Parece que hay algunas cosas que hemos aprendido a aceptar sin cuestionarlas demasiado, y sin embargo podrían ser claves en nuestra forma de ver el mundo y de vivir en él.

Estoy leyendo un libro sobre la felicidad y cómo podemos aprender a ser felices. Para este aprendizaje, se ha ideado formas de medir el progreso. Cómo medir la felicidad.

Una parte de mi lo ve naturalmente lógico. La ciencia mide las cosas para comparar alternativas.

Pero otra parte de mí se sintió confundida ante el concepto. Como si medir y ser feliz fueran algo que no pudieran combinarse de ese modo en una oración.

Voy comprendiendo que no todas las personas tienen el mismo concepto de la felicidad.

Para algunas, es la sensación que tienen cuando logran algo y reciben un premio. Ese reconocimiento, esa aprobación, ese sentimiento de ser queridos. Así que su vida es una serie de carreras cuyas metas van alcanzando. Cada vez que llegan a una, son felices.

Para otras, es la sensación de plenitud que tienen cuando contemplan algo maravilloso. Y, oh maravilla, resulta que con el tiempo vas descubriendo que todo tiene algo de maravilloso. Bits de felicidad aquí y allá, frente a nuestros ojos. En el cielo del atardecer, en la brisa que llega cuando caminas, en la piedra que yace entre la hierba, tras una ventana, y cuya existencia se cruza con la tuya cuando la contemplas. No hay carreras, no hay metas, sino el dulce placer de cada paso.

¿Qué tanto de la felicidad está en lo que observamos?, ¿qué tanto en la forma como lo observamos, al aceptar, con plenitud, lo que es, como es?.

Ciencia y cambio

Leyendo el libro "El otro 90%", de Robert K. Cooper, me entero que las investigaciones recientes en neurología reconocen que la mente esta repartida en tres cerebros, sólo uno de los cuales es el clásico cerebro pensante cuyo concepto se nos ha inculcado por generaciones.

Los otros dos está localizados en los intestinos y el corazón. Sí, también en nuestras entrañas hay células nerviosas que realizan procesos mentales.

La sensación de mariposas en el estómago, el fuego que quema en el corazón. Como lo cantan los poetas. Como lo decían los antiguos. Después de todo, tienen algo de verdad.

Hace pocos días, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), anunciaba que habían descubierto que el agua era capaz de formar estructuras moleculares de una complejidad muchísimo mayor que lo que se suponía, y eso posiblemente era lo que la hacia buena como soporte vital. Quizás dentro de poco confirmen lo que algunos científicos venían sosteniendo; que a veces el agua parece reflejar a nivel molecular las estructuras con las que entra en contacto. En ese principio se basan las disoluciones homeopáticas.

Me llama la atención que, a veces, incluso quienes uno consideraría personas de mente abierta, como Asimov o Sagan, en alguna ocasión hayan hablado con desdén de las cosas que en ese momento la ciencia no confirmaba.

También me he topado con comentarios de ese tono en Internet. Gente que comenta con desdén la postura que considera débil. Dice algo de nosotros la manera en que tratamos a quienes consideramos más pequeños. Quizás lo mejor sería tratar con respeto cada opción, por más absurda que nos pudiera parecer. Y, cuando parece que se tiene la razón, aceptar eso también con humildad. En lugar de poseer o defender la verdad, buscarla.

Como un chef

Como se nos enseña a aprender que hay procedimientos para realizar las cosas, muchos suelen pensar que es el único modo y que así es como debe hacer las cosas toda la gente.

Me imagino que, observando a la gente que hace las cosas con maestria, alguien anotó el procedimiento que seguía, de modo similar a alguien anotando como el chef va preparando la comida. Cuánto se usa de cada ingrediente, en qué orden se agregan, qué se hace en cada paso, hasta obtener el sabroso resultado.

Sin embargo, si le preguntan al chef, no se conduce de ese modo.

Un chef visualiza un resultado y conduce los ingredientes y recursos disponibles hacia allá. Decide que ingredientes participarán, en qué cantidad y en qué orden, usando su experiencia para consultar, en el futuro que tiene frente a él, en cada paso, cuál de todos los caminos posibles lo conduce a su destino.

Conforme repita la receta, los procedimientos se irán puliendo, las cantidades se irán estabilizando y se notará una receta que se puede compartir con el mundo.

Cuando usted cocina, en lugar de seguir una receta, ¿no quisiera sentir lo mismo que el chef?.

Cuando uno hace algo; dibujar, pintar, fotografiar, escribir, bailar, cantar, etc, puede seguir procedimientos, recetas, durante un tiempo, mientras aprende a ubicarse en el campo. Luego de practicar un tiempo, un día se encontrará actuando sin necesidad de una receta, tomando lo que tiene disponible, eligiendo con su intuición el camino que conduce al resultado elegido.

Se siente bien llegar a montar una bicicleta y conducirla sin pensar en que se esta pedaleando, o girando el timón, sino simplemente dejando que todo fluya y podamos ir como imaginamos.

Quizás sea mejor enseñarnos a reconocer ese sentimiento. Construir nuestro aprendizaje alimentando esa manera de sentir y resolver las cosas. Es un viaje más placentero.

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