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2010/03/29

Suerte

La suerte es
como una pieza de tetris
cayendo hacia nosotros;
lo que signifique al llegar
dependerá de
lo que hayamos hecho
hasta entonces.

Puede ser que encaje,
completando algo,
y obtengamos puntos.

Puede ser que no encaje,
y sea más difícil
la siguiente jugada.

Lo que cada hecho significa
cuando llega
depende de lo que hayamos hecho antes
y si estamos preparados.

La semilla crecerá
en el terreno que hayamos preparado.
Espinas entre las piedras,
treboles en la tierra húmeda.

La suerte es buena suerte
para quien está preparado,
para quién ha creado
un buen lugar para la semilla
de lo que anhela cultivar.

Piensa en lo que quieres,
qué necesitaría para crecer allí,
prepara la casa, confía,
haz lo mejor que esté a tu alcance
y, cuando sea el momento,
vendrá, y te encontrará listo.

Y será buena suerte.

2010/03/18

El Hombre-Langosta

La langosta es un pequeño insecto solitario e inofensivo.

A veces, como cuando la comida escasea, se vuelve más gregaria y comienza a formar grupos con otras langostas.

Cuando el número de langostas alcanza cierto nivel y se hace frecuente el rozar accidental de sus patas traseras, aumenta su nivel de serotonina, y se empieza a producir un cambio físico. Su color se hace más oscuro, sus músculos se endurecen, se hace más grande.

Así, se vuelve una más de las millones de langostas del enjambre capaz de viajar miles de kilómetros devorando lo que encuentre a su paso.

Pero si las condiciones no se dieran, la solitaria langosta viviría y moriría tranquila, sin transtornar nada.

En libros como "El Zoo Humano", Desmond Morris observa el comportamiento humano desde una perspectiva amplia. Muchas especies empiezan a exhibir un comportamiento transtornado cuando la densidad de su población pasa de cierto número. Muchas personas por area, poca area por persona. Como los animales confinados en un zoológico, podemos empezar a exhibir stress, conducta repetitiva, violencia, etc.

Tal vez en las ciudades nos ocurre como a las langostas. Vivimos tan cerca unos de otros que, de alguna manera, realizamos el equivalente de frotar demasiado nuestras las patas traseras. Y se inicia el cambio.

¿Será tan sólo un cambio psiquico, o se tratará de un cambio físico también?. En los pueblos primitivos la gente suele ser más pequeña, la tez más oscura. Me pregunto si los rasgos largos y pálidos serán el sello de los habitantes de las sociedades super gregarias, que se ha ido perennizando por las eras de predominio de las ciudades.

Como langostas, somos capaces de extendernos por un amplio territorio, devorando lo que está a nuestro paso.

Pienso que las personas son buenas por naturaleza. Si no fuera así no existirían los pueblos como los de las islas del Pacífico, con gente que vive en paz y feliz. Sociedades simples y pequeñas, con amplios espacios y recursos.

Pero las circunstancias anormales las que favorecen los comportamientos anormales de individuos normales. Una persona puede nacer con el gen de la diabetes, pero no la contraerá si evita las circunstancias que la favorecen. Hay tantos problemas artificiales, derivados del simple hecho de vivir tan gregariamente como lo hacemos en las ciudades, que socavan la respuesta pacífica natural.

Sin embargo, en tiempos recientes, por alguna razón, quizás más tecnológica que económica, hay individuos que empiezan a disfrutar de espacios y recursos más amplios y son capaces de sentir que hay formas mejores de vivir en el mundo. A un lado del enjambre, tal vez podamos volver a ser langostas solitarias e inofensivas.

Referencias:

2010/03/12

En alas del miedo

El miedo es como el viento que sopla
sobre el desierto de arena
en el que estamos sentados.

Pasa levantando una nube fina
ante la cual debemos bajar la mirada
para no sentir dolor.

Para seguir viendo algo,
aunque sea hacia abajo.

Conforme el tiempo pasa
nos vamos acostumbrando,
hasta que un día es parte de tu vida.

Porque aprendes a vivir
bajo esa perpetua ventisca
y entre los fríos pliegues de su manto.

Aprendes a distinguir
el camino por el que te guía,
y a adivinar su voluntad.

Aprendes a soñar
bajo las estrellas que no te deja ver,
y a oir música en su voz.

Aprendes a desplegar tus velas
en la playa a donde te ha traído
y a dejar que te lleve otra vez a la mar.

Y sobre naves increíbles,
cuyos rieles se deslizan entre las dunas,
como entre olas de arena.

Y sobre largos brazos extendidos
que te despegan del suelo
hacia un cielo de libertad.

En alas del viento vamos,
de algún modo, hacia nuestro destino
si aceptamos la felicidad.

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